KAIDAN JUKIJORÔ. (TOZUKO TANAKA, 1968).

KAIDAN JUKIJORÔ. DAIEI FILMS, EL TEMPLO PROHIBIDO.

Kaidan JukijorôThe Snow Woman en su versión internacional—, no es solo una más de las infinitas muestras del poder que el cine japonés adquiere cuando se alía con su propio acervo sobrenatural. Es, de entre la inmensa cantidad de películas producidas por los Estudios Daiei, la que más se acercó al lado humano de los espectros.

Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).

Daiei ha sido la casa de algunos de los titanes cinematográficos del sol naciente: Akira Kurosawa, Mikio Naruse, Kenji Mizoguchi, Teinosuke Kinugasa… antes de la explosión de las nuevas olas cinematográficas en general y la Nūberu bagū en concreto, la casa Daiei albergó en su interior algunos de los referentes del cine clásico japonés, lo cual equivale a decir que algunas de las mejores películas del mundo nacieron en aquella casa.

Sin embargo, hay salas prohibidas en ese templo. Ya desde el inicio de su andadura —y teniendo en cuenta que el cine nipón está profundamente ligado a los elementos fantásticos—, Daiei abrió sus puertas al terror, el fantástico y la ciencia-ficción.

En 1949, Nobuo Adachi filmó para la casa, Tômei ningen arawaru (El hombre invisible aparece), una delirante y muy interesante adaptación de la novela de H.G. Welles, El hombre invisible, una obra que la casa volvería a llevar al cine con Tômei ningen to hae otoko (El hombre invisible contra la mosca, Mitsuo Murayama, 1957), un título revelador de las intenciones por parte de la productora de albergar las fantasías insólitas de la Serie B.

El tiempo pasó, la casa Daiei se afianzó, y en pleno apogeo del terror resucitado por la Nuberū bagū a manos de Kaneto Shindô y sus todopoderosas Onibaba y Kuroneko, la productora trazó una senda por la que los condenados pudiesen caminar en libertad. Así, a lo largo de la década de los sesenta, Daiei abrió sus puertas al cine Kaiju, al universo Yokai —con una trilogía realizada en un solo año—, y a la saga Zatoichi, para la que contaron en algunas de sus películas con Tozuko Tanaka como director.

Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).

Los Yokai son precisamente las criaturas en las que Daiei se centró aquel 1968, con tres películas que abordan directamente el aspecto más cercano a la Serie B desenfadada, y este cuarto título que escudriña en las profundidades del espectro para descubrir los pesares humanos de esta aparición invernal.

Del corazón y la mente de aquel benefactor del mundo espectral japonés que fue el escritor Lafcadio Hearn, surgió —entre otras muchas obras— Kwaidan: Stories and Studies of Strange Things (1903), una de sus guías por el universo sobrenatural, en la que podemos encontrar a Yuki-onna (La mujer de la nieve), protagonista principal de la ficción tradicional japonesa, del segundo de los cuatro episodios de la magistral adaptación de Kwaidan realizada en 1964 por Masaki Kobayashi, del episodio La tormenta de nieve en Yume (Sueños, Akira Kurosawa, 1990) y de esta magnífica y olvidada película, Kaidan Jukijorô.

YOKAI EIGA. DE SOMBRAS PÁLIDAS, INVIERNOS ETERNOS Y DESEOS HUMANOS.

Kaidan Jukijorô es, ante todo, una película cargada con una inmensa tristeza que existe tras la trama central.

No se encuentra esa tristeza en el argumento principal, centrado en la historia de un maestro y su aprendiz, Yosaku (Akira Ishihama), que buscan en el bosque un árbol adecuado para obtener la madera con la que tallar una ofrenda. Tras encontrar lo que buscaban, hacen noche en una pequeña cabaña, y reciben la visita de Yuki-onna (Shiho Fujimura), un Yokai conocido como La mujer de la nieve, aparición que trae consigo el invierno y la muerte para aquellos que se cruzan en su camino.

El maestro muere, pero Yosaku sobrevive a cambio de una promesa: no revelar jamás lo que ha visto esa noche. Pase el tiempo que pase y sea cual sea el vínculo, si Yosaku habla con alguien de lo que ha visto, Yuki-onna regresará para matarlo. El fascinante e inmenso poder de la cinematografía espectral japonesa irrumpe en esta primera aparición de Yuki-onna, pero esa tristeza que supone el factor clave de la película —aunque deja su primera pista en la liberación de Yosaku— aún no se manifiesta.

Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).

El grueso argumental de la película se desarrolla en base a la historia que Yosaku vive tras su encuentro con el espectro, una serie de acontecimientos que parecen ser totalmente favorables, pues a la aparición de Yuki (también interpretada por Shiho Fujimura), una mujer a la que él y su madre acogen, de la que se enamora y con la que forma una familia, se suma el haber sido escogido finalmente para tallar la figura a partir del árbol encontrado en el bosque.

Durante un tramo ceñido totalmente al costumbrismo social e histórico japonés, la película desarrolla su parte más convencional —su capacidad dramática en lo que a la vida real se refiere dista mucho de los maestros del cine japonés—, pero las desventuras de Yosaku al perder a su madre y afrontar las consecuencias de la rivalidad con una especie de «cacique-Samurái» por obtener el honor de realizar la talla que ha de decorar el templo, se narran con la suficiente solvencia como para evitar la desidia del espectador.

Así, siempre respaldado por Yuki, Yosaku afronta y supera las dificultades y pesares, incluida la que supone conseguir una cantidad de dinero con la que cubrir la extorsión a la que se ve sometido si quiere evitar la prisión por un delito que en realidad no existe. Estos acontecimientos obligan a Yuki a intervenir y revelar su verdadera identidad más allá del alcance de los ojos de Yosaku. Su esposa parte en busca del dinero, que logra invocando su propia maldición, mediante la que Yuki-onna logra sanar al hijo del gobernador.

Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).

Poco a poco —y siempre conservando el secreto que ha de proteger a Yosaku y su hijo— Yuki se ve obligada a recurrir a su verdadera naturaleza, pues a todo aquello que emprende para paliar las penosas dificultades que salen al paso de su esposo, ha de sumar el enfrentarse a los ojos de una hechicera que descubre su secreto y emprende un ataque contra el espectro, del que se empeña en revelar a Yosaku su identidad.

Por otra parte, la esencia vengativa del Yokai no puede resistirse a la venganza que trae el invierno y la muerte a los enemigos de su familia humana, algo que estrecha el cerco entre la vida que Yuki pretende sostener y la revelación de Yuki-onna por parte de la hechicera.

Es en estos elementos donde reside la inmensa tristeza con la que carga la película. No en la vida real y sus circunstancias, sino en la verdadera esencia del Yokai, pues más allá de sus vertientes estrictamente agresivas y malvadas, este personaje del orbe sobrenatural japonés siente necesidades humanas. Al contrario que los fantasmas, que permanecen entre los vivos por asuntos pendientes como meros seres errantes o en busca de venganza, el tipo de Yokai al que pertenece la doble protagonista de la película busca una razón para prevalecer en su forma humana.

Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).

Este Yokai en forma de mujer de la nieve matará y atacará con su poder sin dudar cuando se vea obligado a hacerlo, sí, pero la intención real de su espíritu es vivir como y entre los humanos, protegiendo a quien ama, evitando incluso que recuerde y revele que un día contempló su verdadero rostro; algo que se ve inevitablemente abocado al fracaso, de ahí la inmensa tristeza que se desprende de Yuki-onna, un Yokai que se enfrentará a lo imposible por permanecer vivo.

Así, ajeno a la tristeza que late en el verdadero corazón de Yuki, Yosaku vive aislado en su obsesión por alcanzar la perfección en su talla de madera, que no solo ha de vencer a la de su rival —ya rechazada por los monjes del templo—,sino que ha de alcanzar lo que parece un imposible, lograr que de la mirada de la figura brote una luz determinada, algo humano en un ser irreal.

Es aquí donde el destino humano de Yosaku, la existencia de Yuki y la tristeza del Yokai convergen, pues cercado por las dudas sembradas por la hechicera y en base a sus debilidades humanas, Yosaku vuelca sus inquietudes en Yuki y revela el secreto, contando a su esposa el encuentro que tuvo con la mujer de la nieve, y sometiendo sin saberlo a la tristeza más profunda a Yuki-onna, esa que le obliga a mostrar al Yokai a ojos de Yosaku, ahora esposo y padre de su hijo.

Una vez, hace tiempo, Yuki-onna ejerció su poder terrible sobre un anciano y salvó a un joven del destino con la esperanza de regresar oculta bajo su apariencia humana y apaciguar al espectro. Pero tarde o temprano el invierno ha de regresar. Yuki-onna renuncia a su última oportunidad y salva la vida del esposo y padre del hijo de Yuki, el Yokai se niega a matar a Yosaku y mientras se aleja hacia las profundidades del invierno, mira por última vez cuando su hijo la reclama, mira hacia su familia con una tristeza inmensa, y Yosaku ve al fin la expresión humana que ha de reproducir en su figura de madera.

Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).
Kaidan yukijorô. (Daiei Studios, 1968).

Mientras, perdida ya su última oportunidad, el espectro se aleja de su familia, condenado a vagar y matar para siempre. El Yokai y el humano han fracasado.

Kaidan Jukijorô es, ante todo, una película cargada con una inmensa tristeza.

Película disponible en este ENLACE:

https://m.ok.ru/video/6921967569534

Feliz viaje de vuelta hacia la noche. #SHADOWSRULES

David Salgado.

©24 sombras por segundo. Junio 2025.

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