MARTHA HORTON.

Martha Horton.

Cuando Martha Horton se presentó en el apestoso pueblo donde pasaría el resto de su vida, nadie creyó que aquel fuese su verdadero nombre, y aunque no tuviese demasiada importancia, lo cierto es que no lo era.

Lo había oído años atrás, en uno de los sermones del predicador con el que aprendería que el pecado es el mejor negocio del mundo. Aquel tipo se hacía llamar reverendo Jackson, era un hijo de perra incorregible, bebía, jugaba, disparaba y follaba como si el juicio final con el que le sacaba el dinero a los imbéciles que asistían a sus sermones estuviese siempre a punto de llegar.

Sin embargo no era un mal hombre, no del todo, al menos.

Cuando se encontró con la futura Martha Horton en un cruce de caminos, podría haber actuado como cualquier otro blanco paleto lo habría hecho con una negra hambrienta, pero no lo hizo.
Una parte de la ética que utilizaba para vivir se había introducido en su mente y salvó la vida de Martha Horton, una mujer nacida por segunda vez en un cruce de caminos y bautizada por un predicador suicida que también utilizaba un nombre falso.

A Martha Horton le irían bien las cosas.

En eso pensaba aquella soleada mañana sentada en el porche de su casa de variedades -el reverendo le había enseñado bien, el pecado puede hacerte rico- eso fue lo último que le dijo la noche en la que tuvo que huir de la horca y se despidieron para siempre.

Martha Horton se hizo rica, el pueblo en el que vivía pecaba sin cesar, y lo hacía en su casa.

Los vecinos la llamaban Madame Horton, y los niños que bailaban a su alrededor cuando cantaba, la llamaban Ma Horton. Aquel nombre le gustaba, al fin y al cabo, aunque todavía era joven, su piel se parecía a la de una anciana.

Eso era Martha Horton, una madre sabia a la que todos podían acudir, les gustase o no. Y eso fue lo que ocurrió, cuando el cadáver de aquella muchacha apareció a la orilla del río y aquel pueblo de cobardes decidió guardar silencio, Martha Horton supo que aquel sería su último día en esta maldita tierra.

Abrió su tocador, se peinó, se puso su mejor vestido, se perfumó, bebió un par de tragos, cogió su rifle y salió a matarse con el maldito bastardo que le hizo aquello a esa chica, sencillamente, para que no pudiese volver a hacerlo.

Al reverendo Jackson le habría gustado, Martha estaba segura.

Feliz viaje de vuelta hacia la noche. #SHADOWSRULES

©David Salgado. 2021.

©24 sombras por segundo. 2021.

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