EL INCIDENTE.
LARRY PEERCE, EL INTERMEDIARIO OLVIDADO.
El incidente es mucho más que un drama o un Thriller de Serie B condenado a los espacios marginales de algún Cine Club —ya sea físico o virtual— con el suficiente entusiasmo por esta película como para preservar su verdadera importancia.

A lo largo de su carrera, Larry Peerce se ha parapetado en la televisión, un medio que en escasas ocasiones ha abandonado en favor del cine, donde además de en esta sensacional El incidente ha destacado como autor —no como nombre reconocido— en las interesantes Two-Minute Warning (1976) y la adaptación de la novela homónima de Sylvia Plath, La campana de cristal (1979).
El resto —salvo en las dieciséis películas estrictamente cinematográficas que ha firmado hasta la fecha— se divide entre películas y series para la televisión, formato en el que ha dirigido títulos muy notables, además de la serie original The Ghost Busters (1975), que dio lugar a la mítica saga iniciada por Ivan Reitman en 1984.
El incidente no solo es la mejor película de Peerce, es un magnífico ejercicio a modo de Thriller desbordante de furia y narrativa que sobrevive en el olvido, pero debería ocupar un lugar destacado entre los referentes del cine estadounidense más inconformista.
El marcado estilo narrativo que la película exhibe en su prolongado primer tramo define a Peerce como un intermediario olvidado del cine estadounidense entre los últimos días de la época más destacada del cine negro, la generación de la televisión y la década de los setenta.
El incidente es un estupendo nexo entre el pasado y el futuro que por entonces aguardaba su turno para hacer historia.
EL ESLABÓN PERDIDO DEL CINE SALVAJE.
El incidente actúa a modo de puente entre varias generaciones y visiones cinematográficas.
Sus vistas exteriores nocturnas con un tráfico constante de vagones conducen directamente al aspecto «Noir-documental» con el que Jules Dassin retrató la ciudad de Nueva York en base a las crónicas fotográficas de Arthur H. Fellig «Weegee» en La ciudad desnuda (1948).



También tienen una notable presencia los bajos fondos que sirvieron como escena social y emocional en los años cincuenta. Somebody Up There Likes Me (Robert Wise, 1956) es un ejemplo especialmente significativo, pues a pesar de las grandes diferencias entre ambos papeles, la interpretación novel de Steve McQueen entronca en no pocos aspectos con la también primeriza actuación cinematográfica de Martin Sheen en la película de Peerce, similar en su aspecto de cine negro de Serie B al cine de Samuel Fuller o Joseph H. Lewis.


Los años sesenta y la impronta de la Generación de la televisión son la referencia más obvia en El incidente. Coetánea de una de las obras maestras de Richard Brooks, A sangre fría, y la primera incursión callejera en el largometraje de ficción de Martin Scorsese con ¿Quién llama a mi puerta?, la película de Peerce se alimenta especialmente del sustrato social y violento de John Frankenheimer en Los jóvenes salvajes. Así, El incidente es el eslabón injustamente perdido que contribuyó a encender el fuego urbano del cine que estallaría a manos de Scorsese, William Friedkin o Walter Hill, entre muchos otros.
Todo comienza en el que podría ser el subsuelo de los escenarios de The Hustler (Robert Rossen, 1961). Una sala de billar, envuelta en la luz sucia y cruda surgida de la fotografía de Gerald Hirschfeld —uno de los constantes puntos álgidos de la película—, refugia en su interior a Joe Ferrone (Tony Musante) y Artie Connors (Martin Sheen), dos jovenes provocadores de poca monta, aspecto desaliñado y actitud desafiante y peligrosa, patente en su enfrentamiento con el dueño del local que se niegan a abandonar.





Una vez en la calle, deambulan en la madrugada de un domingo sin encontrar ningún local abierto, por lo que deciden ocultarse a la espera de algún transeúnte al que atacar, esto —además de emparentar ligeramente con el modus operandi del grupo protagonista de La naranja mecánica—, da paso a una secuencia dotada con una narrativa abrumadora. Los planos del ataque en el callejón conducen directamente a las composiciones con primeros términos y contrapicados de Orson Welles y Carol Reed, lo que evidencia la valía de Peerce y su película.





Al excelente duo narrativo formado por Peerce y Hirschfeld se une el guion de Nicholas E. Baehr, que divide la trama inicial en una serie de personajes también perdidos a la deriva en esa noche de domingo que parece haber sometido a la ciudad. Siguiendo diferentes caminos, una serie de protagonistas avanzan mostrando sus soledades, silencios, frustraciones y secretos; avanzan por caminos separados, pero se dirigen a un punto común: ese vagón de metro en el que, tras explorar los espacios abiertos de la ciudad, encerrará a todos los personajes dejando sus destinos en manos de su (in)humanidad.








Así, vemos en el recorrido de El incidente parejas que atraviesan diferentes tipos de crisis —de aires aristocráticos con carencias en la comunicación que recuerdan a La Notte—, parejas unidas a la par que separadas por sus hijos, parejas que han de ocultar la posibilidad de serlo, parejas que luchan de formas opuestas por la integración racial, individuos débiles que podrían hacerse fuertes en pareja… todos caminan bajo el peso de la tristeza y la derrota. Todos se verán atrapados ante la capacidad letal para el silencio cuando hayan de enfrentarse a la pareja de delincuentes.












Tras la extensa y espléndida presentación, Peerce concentra los elementos dispersos de la película en el interior del vagón de metro, y todo el peso de la película recae en las interpretaciones, irregulares, sí —el histrionismo de Martin Sheen juega demasiado en su contra y contagia levemente a Tony Musante—, pero éste se repone en solitario, y la presencia creciente de Thelma Ritter, Jan Sterling y Ruby Dee equilibra la película.


Por su parte, Peerce cierra filas dentro del vagón de forma muy hábil, contraponiendo planos generales del interior del tren y sus ocupantes —alejados muy a propósito del borracho que duerme en uno de los asientos—, con los planos cada vez más cerrados y aislados de los personajes, enfrentados a sí mismos a través del rostro enardecido de Tony Musante, un delincuente insignificante al que las conciencias de los viajeros apenas pueden sostener la mirada, después de todo.



















Cierto que la película decae en su tramo final, en el que el personaje interpretado por Beau Bridges conduce a un desenlace tras su enfrentamiento con los delincuentes que, si bien resulta socialmente impecable y acentúa el discurso, supone una rémora considerable para la tensión cruda, sucia e implacable que El incidente mantiene casi intacta a lo largo de este viaje de pasajeros cuyas derivas convergen en un solo punto.
El Incidente es, sin duda, una magnífica película que debe formar parte de la historia del cine salvaje estadounidense.
Película disponible en FILMIN:
https://www.filmin.es/pelicula/el-incidente-1967?awinaffid=400165&awinmid=82863
Feliz viaje de vuelta hacia la noche. #SHADOWSRULES
David Salgado Marcote.
©24 sombras por segundo. Julio 2026.
