TARDE DE PERROS. (SIDNEY LUMET, 1975.)

SIDNEY LUMET. MENOS ES MÁS.

Tanto en Tarde de perros, como en el resto de su filmografía, Sidney Lumet es la mejor mezcla entre talento puro y sentido práctico que conozco, me atrevo incluso a decir más:

Observando sus películas y como los actores que las protagonizan llevan a cabo los juegos que plantea, creo que es el mejor director de actores, -en el sentido más estricto del asunto-, que veremos jamás, y lo es precisamente por esa capacidad inimitable que tenía para obtener lo máximo invirtiendo lo mínimo.

John Cazale. (Tarde de perros. Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)
John Cazale. (Tarde de perros. Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)

De sus charlas con los actores previas a las tomas salían cimas, de sus maneras narrativas guiones elevados a la máxima potencia, de sus montajes precisos, rápidos y directos al grano, nacían secuencias tan sencillamente complejas que le vuelan la cabeza al espectador.

Como casi todos los cineastas con carreras muy extensas, tiene cagadas, pero sus cimas son tan altas que desde allí no podemos ver el suelo.

Al Pacino. (Tarde de perros. Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)
Al Pacino. (Tarde de perros. Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)

El éxito no es más que un breve intervalo entre fracaso y fracaso, y sobre el fracaso, sobre ese camino hacia el éxito hay, en mi opinión, tres pilares, tres radiografías a las que podemos acudir para conocerlo a fondo.

Víctor Hugo y Alejandro Dumas lo dejaron por escrito en Los miserables y El conde de Montecristo respectivamente, y Lumet lo filmó durante una Tarde de perros, y lo hizo a su manera. Sin rodeos ni más elementos de lo necesario. El fracaso es algo duro y puede destruirnos, no es algo a tratar con suavidad ni evasivas anestesiantes.

Tarde de perros. (Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)
Tarde de perros. (Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)

Fiel a su estilo -ante todo al que desarrolló durante los años setenta- Lumet lleva a su terreno el ambiente generado por Don Siegel y William Friedkin en Harry el sucio y The French connection, pero como de costumbre lo lleva a su universo práctico y realista.

Como ya hizo en Serpico y haría en Network, se sirve de la realidad para repartir a mano abierta.

TARDE DE PERROS. LA ASFIXIANTE RUTA HACIA EL FRACASO.

En todo tratado acerca del fracaso que se precie, ha de haber elementos cómicos, los personajes de Al Pacino y John Cazale -vistos con frialdad- son paradigmas de la comedia clásica. Tipos casi chaplinescos, tremendamente dispuestos, torpes y desafortunados. Tipos que jamás estarán en el momento y el lugar adecuados.

Al Pacino. (Tarde de perros. Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)
Al Pacino. (Tarde de perros. Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)
Al Pacino. (Tarde de perros. Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)
Al Pacino. (Tarde de perros. Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)

Sin embargo Lumet no bromeaba cuando de radiografiar el hastío social norteamericano imperante durante la década de los setenta se trataba, una vez planteada la condición cómica de la suerte de los protagonistas, llega el momento de ponerse serio.

Así se desarrolla Tarde de perros, en un ambiente social cada vez más caldeado, en un espacio cerrado donde los maravillosos secundarios siguen al pie de la letra el juego a tres bandas que Lumet deja en manos de Pacino, Cazale y Charles Durning, quienes regalan a la humanidad la madre de las interpretaciones, (el nivel de detalles al que llega Pacino da para toda una escuela de interpretación.)

Charles Durning. (Tarde de perros. Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)
Charles Durning. (Tarde de perros. Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)
Al Pacino. (Tarde de perros. Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)
Al Pacino. (Tarde de perros. Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)

Lumet es el dueño de la película, y sin ningún tipo de exceso lleva al espectador al borde de la misma desesperación y sensación de asqueamiento que sufren los protagonistas de esa Tarde de perros insoportablemente calurosa y visceral. Sitúa al espectador ante el fracaso, sin más.

La película avanza hacia allí donde termina la tarde de perros y empieza la última noche que Lumet dispuso para el trío protagonista, y allí, desde la cima dejó clara su maravillosa precisión. La tarde concluye, y sin más, Lumet hace desaparecer a Durning, se acabó el tiempo. Ya no hay nada más que decir.

Lumet pone en primera fila a las dos piezas que mantuvo convenientemente ocultas durante la tarde, James Broderick y Lans Henriksen comprenden perfectamente las escuetas y precisas órdenes de Lumet.

James Broderick. (Tarde de perros. Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)
James Broderick. (Tarde de perros. Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)

No hay tiempo, palabras, esperanza ni negociación, no hay éxito ni futuro para Pacino y Cazale.

Lumet nos retrata así el fracaso, con un montaje irrepetible, unas miradas y silencios entre Broderick y Henriksen que suponen el cine en sí mismo.

Lance Henriksen. (Tarde de perros. Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)
Lance Henriksen. (Tarde de perros. Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)

El espectador asiste al triunfo del fracaso y la rendición incondicional del éxito imposible. Rápido y preciso, práctico como siempre, Lumet termina con Cazale, rinde a Pacino, (quien vuelve a jugar a mil detalles por segundo), y le vuela la cabeza al espectador para arrojarlo desde la cima, desmayado hacia al coma.

Al Pacino. (Tarde de perros. Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)
Al Pacino. (Tarde de perros. Warner Bros., Artists Entertainment Complex. 1975.)

Así termina una tarde de perros, maravillosamente mal, claro.

https://rakuten.tv/es/movies/tarde-de-perros

Feliz viaje de vuelta hacia la noche. #SHADOWSRULES

David Salgado.

©24 sombras por segundo. Marzo 2021.

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