ONCE UPON A TIME IN THE WEST. (SERGIO LEONE, 1968.)

LA MUJER QUE SE VENGÓ DEL OESTE.

Entre 1964 y 1966, Sergio Leone reformó con su trilogía del dólar el género americano por excelencia. A las puertas de su agonía, el western alcanzó su insospechada cima mediante tres títulos: Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo. Eso parecía todo, parecía insuperable. Pero más allá de Clint Eastwood, el pistolero italiano tenía una última bala oculta. Once upon a time in the west, aquí más conocida por “Hasta que llegó su hora” es la cima definitiva del western.

Jason Robards. (Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)
Jason Robards. (Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)

Solo tres películas utilizaron claramente una mujer como verdadero epicentro del western. La todopoderosa Duelo al sol de King Vidor adelantó en 1946 la vanguardia, la magnífica Johnny Guitar de Nicholas Ray  estableció  el término medio en 1954 y la película de Leone lo llevó todo hasta las últimas consecuencias en 1968.

Tales fueros esas consecuencias, que el italiano -fiel a su gigante e irreductible naturaleza- llegaría más lejos en su empeño por reducir a cenizas los principios del western. Solo así podría resurgir como lo hizo.

¿Qué hizo Leone para alcanzar su propia cima y la de la vanguardia del western? Utilizar tres últimas balas: basar su western en el personaje de Claudia Cardinale, profanar el sagrado nombre de Henry Fonda y darle el mejor papel protagonista imaginable al sonido.

Vamos al lío para desarrollar esto.

Primera bala: El sonido como protagonista.

En la secuencia del introducción de la película, Leone hace suya la filosofía de Robert Bresson sobre como utilizar el sonido, convirtiéndolo en el principal protagonista. Estáticos y guardando un silencio letal, tres hijos de perra, sucios, inhumanos y letales se mimetizan con el artificial sonido de la naturaleza desprendido de la vieja estación.

Catorce minutos en los que solo se articulan unas pocas palabras. Tras la breve presentación de los personajes iniciales, transcurren siete minutos durante los cuales solo escuchamos el chirriar acompasado del molino, el zumbido de la mosca que desafía a Jack Elam -jamás he visto un animal interpretar mejor un papel que esa mosca- los chasquidos de los dedos de Al Mulock y las gotas de agua que caen metódica y desesperadamente sobre la cabeza -antes- y el sombrero -depués- de Woody Strode.

Jack Elam, Al Mulock y Woody Strode.(Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)
Jack Elam, Al Mulock y Woody Strode.(Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)
Jack Elam, Al Mulock Charles Bronson y Woody Strode.(Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)
Jack Elam, Al Mulock Charles Bronson y Woody Strode.(Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)

Transcurridos esos maravillosos siete minutos, el tren deja oír su lejano lamento, los hijos de perra interrumpen los sonidos naturales con los de sus armas, el tren irrumpe en la película mediante un contrapicado y un estruendo magníficos y, cuando de espaldas a los  tres tipos se marcha, Leone afina la armónica de Charles Bronson.

Su melodía pone en guardia a los tres hijos de perra y la madre de los duelos se desata. Catorce minutos de metraje, apenas unas pocas palabras, toda la película por delante y Leone ya nos ha volado la cabeza.

Charles Bronson. (Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)
Charles Bronson. (Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)
Claudia Cardinale. (Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)
Claudia Cardinale. (Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)

Segunda bala: Los ojos de Henry Fonda.

Henry Fonda era -hasta que llegó su hora a manos de Leone- un maravilloso actor y un icono del Hollywood clásico donde los tipos como él solo podían ser grandes chicos, o como mucho víctimas inocentes.

Pero Leone sabía perfectamente que para derribar el templo hay que derrotar a los dioses, por eso puso en los honestos y profundos ojos azules de Fonda la mirada del peor asesino, frío y desalmado hijo de perra que haya recorrido el oeste jamás.

Stefano Imparato.(Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)
Stefano Imparato.(Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)

Duelos a lo largo del oeste ha habido muchos, pero ninguno -ni siquiera los que el propio Leone había reinventado hasta la fecha- como el que enfrenta a los ojos de Fonda con la futura -e inexistente desde ese momento- familia de Claudia Cardinale.

Por si lo que Leone nos muestra en la secuencia de introducción fuese poco, lo que vemos a continuación es demoledor. Con la sangre más fría imaginable, un nuevo grupo salvaje de hijos de perra disparan contra cualquier cosa que se mueva, y por supuesto, el niño superviviente no será una excepción.

Lo que sí es la excepción por excelencia es que Leone reserva el asesinato de un niño que en nada puede perjudicar a los bandidos para el icono estadounidense.

Enzo Santaniello.(Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)
Enzo Santaniello.(Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)

El azul de los ojos de Fonda se ha ido para siempre, Leone se lo ha llevado al nuevo oeste. Morricone llena el silencio con la mejor música que el oeste ha escuchado jamás,  Fonda dispara su mirada, esboza una sonrisa y sin necesidad de mostrarlo, mata al niño y nos vuela la cabeza. Leone ha destruido el oeste para hacerlo suyo.

Tercera bala: La serena vendetta de Claudia Cardinale.

Un guión escrito a manos del propio Leone, Bernardo Bertolucci, Dario Argento y Sergio Donati, solo puede conducir la película por los mejores cauces. Por eso la propuesta principal de la película -aunque maravillosa- no es de extrañar. Hasta que llegó su hora entrega el viejo western a Leone, y él se lo entrega al personaje de Cardinale para que lleve a cabo su venganza.

Esa venganza tendrá el mismo pulso sereno y frío que el de los ejecutores que la rodean, la persiguen, la violan y pretenden matarla. Cardinale devolverá todos los golpes y pondrá el western en manos de una mujer, pero no lo hará completamente sola. Se apoyará en otro de los pilares de la película.

Claudia Cardinale y Jason Robards. (Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)
Claudia Cardinale y Jason Robards. (Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)

De forma discreta pero definitivamente eficaz, Leone introduce en la película y el destino de Cardinale al magnífico Jason Robards. Las dos diferencias principales de su personaje con respecto al resto de los hombres de la película -Charles Bronson aparte, que busca su venganza al margen de todos los demás- son estas: podría matar a Cardinale – y lo hará si ella lo sitúa en el bando equivocado- y no lo hará porque podría ser el único hombre que la ame.

Jason Robards. (Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)
Jason Robards. (Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)

Robards es un buscavidas y sabe que siempre ha sido -pese a su comportamiento con Cardinale- un hijo de puta que aprieta el gatillo ante la menor duda.

También sabe que morirá, lo hará más temprano que tarde y lo hará con ella metida en el ajo. Sabe además que ella es mucho más peligrosa que cualquier otro enemigo o situación a la que deba enfrentarse de frente.

Por eso -en una secuencia que podría ser perfectamente toda una vida aprendiendo cine- le da la espalda, para poder darse la oportunidad mutua de una advertencia. Y eso, es -en cuanto a guión, interpretación y dirección se refiere- la cima.

Claudia Cardinale y Jason Robards. (Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)
Claudia Cardinale y Jason Robards. (Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)
Claudia Cardinale y Jason Robards. (Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)
Claudia Cardinale y Jason Robards. (Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)

Una vez disparadas las tres últimas balas, Leone deja transcurrir la película por su camino natural. Mediante su genio inigualable, pondrá el oeste en manos de una mujer y su venganza, pondrá el western en el lugar que siempre debió ocupar y ya nunca abandonara.

Pondrá al espectador ante una belleza de tal envergadura, que solo podrá desmayarse ante la serena determinación de Cardinale, la hermosa música de Morricone, la sonrisa cómplice, canalla y peligrosa de Jason Robards y la mirada letal y azul de Henry Fonda que se congelará ante el sonido de la muerte que sale de la armónica de Charles Bronson cuando también consiga su venganza.

Henry Fonda. (Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)
Henry Fonda. (Once upon a time in the west. Paramount Pictures. 1968.)

Once upon a time in the west es la historia de una mujer contra el oeste. Es la historia de como América se construyó sobre los raíles de un ferrocarril en manos de los nuevos amos del mundo. Unos amos que dejaban atrás el antiguo mundo de los asesinos con pistola para dar paso a los nuevos asesinos armados con deslumbrantes despachos.

Es el inicio de la historia sobre el nacimiento de una nación que Leone contaría en el tramo final de su vida.

Once upon a time in the west es algo que me acompañará toda mi vida.

Hasta que llegue mi hora.

Esta película es sencillamente inalcanzable.

https://rakuten.tv/es/movies/hasta-que-llego-su-hora

Feliz viaje de vuelta hacia la noche. #SHADOWSRULES

David Salgado.

©24 sombras por segundo. Marzo 2021.

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