DULCINEA. (VICENTE ESCRIVÁ, 1962.)

EL TALENTO SERVIL.

Para hablar de la magnífica película de Vicente Escrivá, Dulcinea, debemos tener en cuenta que lo habitual en una obra con carácter propio es que herede sus maneras de un creador inconformista, subversivo, iconoclasta y todas esas cosas propias de la inteligencia audaz.

Pero ni todas las sensibilidades y talentos son valientes, ni todas las actitudes serviles y oportunistas son exclusivas de los zotes.

Millie Perkins y José Manuel Martín. (Dulcinea. Aspa Producciones Cinematográficas S.A, Nivifilm. 1963.)
Millie Perkins y José Manuel Martín. (Dulcinea. Aspa Producciones Cinematográficas S.A, Nivifilm. 1963.)

Así, en la época del neorrealismo importado a España no solo hubo Berlangas y demás rebeldes con causa sacándole los colores al NO-DO. En 1950 Rafael Gil y Vicente Escrivá fundaron Aspa Films, una productora completamente afín al espíritu encorsetado, dogmático, mentiroso y manipulador del régimen hoy todavía en curso.

Es decir, Gil y Escrivá tenían sensibilidad, oficio y talento, pero también tenían ese sentido práctico que no deja de ser el eufemismo del término “hijo de puta adepto a los dictados miserables”. Y así, el camino de Aspa Films habría de transcurrir bajo la sombra del águila, pero el talento es como el diablo, siempre encuentra el camino más interesante. Siempre se manifiesta, y por mucho que el cuerpo a régimen quiera contenerlo, surge.

Fue así como, ya en 1962, Escrivá se derrotó a sí mismo y venció a la censura y la ignorancia servil acudiendo a una de las fuentes universales.

Dulcinea. (Aspa Producciones Cinematográficas S.A, Nivifilm. 1963.)
Dulcinea. (Aspa Producciones Cinematográficas S.A, Nivifilm. 1963.)

DULCINEA. LA IRREVERENCIA INCONSCIENTE.

Casi de forma simultánea, Cervantes y Shakespeare le contaron al mundo todo lo que debía saber acerca de sí mismo. Mucho tiempo después, Gaston Baty sacó al Quijote por la tangente y puso a Dulcinea en su lugar, acercó a Aldonza Lorenzo al público para que la pluma cervantina siguiese afilada.

Así fue como el servicio y homenaje de Baty al verdadero significado de Cervantes llegó al cine. Tras un primer encuentro dirigido en 1947 por Luis Arroyo -que contó a favor con la maravillosa fotografía de Manuel Berenguer– Aldonza atravesó la óptica de Escrivá, su auto impuesta personalidad “práctica” y llegó a su cima cinematográfica. Como si el espíritu del Quijote lo invadiese, Escrivá fue libre, sensible, honesto y valiente.

Folco Lulli. (Dulcinea. Aspa Producciones Cinematográficas S.A, Nivifilm. 1963.)
Folco Lulli. (Dulcinea. Aspa Producciones Cinematográficas S.A, Nivifilm. 1963.)

Así nos contó a todos la historia de como Aldonza llegó a ser Dulcinea, la historia de una mujer bondadosa, soñadora, maltratada y condenada bajo un sol que ciega a todos los miserables que se arrastran bajo la luz.

Sin pretenderlo, rompió los moldes y filmó las verdaderas letras de Cervantes.

Sin embargo, la Dulcinea de Escrivá no bebe solo del agua cervantina, hay un trípode sobre el que la visión de Escrivá se sostiene y define el lenguaje y aspecto visual de su película: Ingmar Bergman y su séptimo sello, C.T. Dreyer y su pasión de Juana de Arco y Orson Welles con la secuencia inicial de su Otelo.

Millie Perkins y Walter Santesso. (Dulcinea. Aspa Producciones Cinematográficas S.A, Nivifilm. 1963.)
Millie Perkins y Walter Santesso. (Dulcinea. Aspa Producciones Cinematográficas S.A, Nivifilm. 1963.)

Gracias a una sensibilidad y gusto estético magníficos, Escrivá aprovecha la impagable fotografía de Godofredo Pacheco y las enseñanzas de los maestros para dotar a la película de una belleza digna de cualquier cima. En el apartado estético, (tanto a nivel de lenguaje cinematográfico como visual), Welles y Bergman se meten en el corazón de la película, las secuencias de inicio y del cortejo cómico que acompaña a Aldonza los reclaman respectivamente a gritos.

Con dos de las bases visuales establecidas, la película continúa su desarrollo mediante la presentación de los personajes. En este apartado Welles invade de lleno la escena, la irrupción de Millie Perkins en la piel de Aldonza, su padre, el titiritero, el jornalero que la maltrata… todos los personajes y sus formas cinematográficas son totalmente deudoras de Orson Welles. Con esta base establecida, Escrivá se deja llevar por la mala hostia y el verdadero significado de las cosas, y clava la afilada pluma de Cervantes en el corazón de la censura.

Pepe Rubio. (Dulcinea. Aspa Producciones Cinematográficas S.A, Nivifilm. 1963.)
Pepe Rubio. (Dulcinea. Aspa Producciones Cinematográficas S.A, Nivifilm. 1963.)

Así, Aldonza se muestra al público como la encarnación de quienes han caminado siempre con la losa de la brutalidad ignorante a cuestas. La represión y sometimiento a una rutina salvaje que Dreyer y Bergman muestran en sus tierras nórdicas, se abre camino aquí a través de los campos de Castilla.

Aldonza representa la bruja útil, la mujer libre y consecuente que supone el pilar del progreso. Aldonza es el ruido y la furia, la voz del silencio nórdico que Bergman y Dreyer condenaron en sus películas huyendo como un animal salvaje a través de un desierto más regado con sangre que con agua. Ancha es Castilla y el sol no se pone, pero aún sin pretenderlo, Escrivá se aparta de la sombra del águila para dejar entrar una luz que no provenga de la hoguera.

Millie Perkins y Walter Santesso. (Dulcinea. Aspa Producciones Cinematográficas S.A, Nivifilm. 1963.)
Millie Perkins y Walter Santesso. (Dulcinea. Aspa Producciones Cinematográficas S.A, Nivifilm. 1963.)
Millie Perkins y Antonio Ferrandis. (Dulcinea. Aspa Producciones Cinematográficas S.A, Nivifilm. 1963.)
Millie Perkins y Antonio Ferrandis. (Dulcinea. Aspa Producciones Cinematográficas S.A, Nivifilm. 1963.)

Así transcurre la película, con Aldonza transformándose en Dulcinea, la narrativa de Cervantes guia al espectador y la protagonista recorre la tierra topando con personajes miserables, ingenuos, crueles, ignorantes… desfaciendo entuertos y convirtiéndose en el paradigma del progreso, en lo que el hombre teme, ignora y rechaza por encima de todo. La mujer, la verdadera libertad.

Esto conduce al espectador al tercer pilar sobre el que se sostiene una película ya en su tramo final: la sombra de Dreyer aparece de nuevo y se cierne sobre Castilla.

Millie Perkins. (Dulcinea. Aspa Producciones Cinematográficas S.A, Nivifilm. 1963.)
Millie Perkins. (Dulcinea. Aspa Producciones Cinematográficas S.A, Nivifilm. 1963.)
Millie Perkins. (Dulcinea. Aspa Producciones Cinematográficas S.A, Nivifilm. 1963.)
Millie Perkins. (Dulcinea. Aspa Producciones Cinematográficas S.A, Nivifilm. 1963.)

Dulcinea y Aldonza se muestran ahora totalmente deudoras de La pasión de Juana de Arco. Escrivá juega utilizando el maravilloso recurso que suponen las influencias puestas al servicio del talento propio y sitúa al espectador ante la naturaleza de los personajes. Aldonza es salvaje y consciente, Dulcinea bondadosa y soñadora.

Ambas deben morir.

Las brujas son mujeres normales que dedican su vida a erradicar la normalidad, la costumbre y la rutina establecida.

Y a veces, aún sin quererlo, uno de los culpables confiesa la verdad y rinde cuentas haciendo lo que mejor sabe hacer. Llevar al espectador al lugar desde el que desmayarse antes de entrar en coma.

https://ver.flixole.com/watch/91a0888b-7377-4a80-8486-ed83b5330e5b

Feliz viaje de vuelta hacia la noche. #SHADOWSRULES

David Salgado.

©24 sombras por segundo. Marzo 2021.

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