DÉJAME ENTRAR. (TOMAS ALFREDSON, 2008.)

LA OLVIDADA SOMBRA DEL VAMPIRO.

La película de Tomas Alfredson, Déjame entrar es una de las sorpresas más bonitas e inesperadas que el cine nos dio en un momento en que nadie podría esperar algo así. Pero antes de hablar sobre este milagro, recorramos brevemente la historia.

Lina Leandersson. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)
Lina Leandersson. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)

Veintiún siglos después de que alguien decidiese poner el marcador a cero y empezar una nueva etapa, el mundo es un anciano cansado y asqueado de sí mismo, vivo por obligación, un ser que solo espera que el sol bajo el que un día nació, acabe con su existencia de una maldita vez. Mientras tanto, continua girando sobre sí mismo, caminando sin avanzar.

El vampiro, uno de sus hijos más antiguos, comparte su suerte y sus esperanzas. Y los habitantes del mundo, víctimas de sí mismos, han olvidado ya lo que un día encumbraron.

En la era de todas las revoluciones, cuando el mundo se engañó a sí mismo creyendo rejuvenecer, el miedo atávico que creó al vampiro cuando el mundo era joven tenía menos de anecdótico de lo deseable, pero había languidecido, cediendo su fuerza al mito, y allí estaban Le Fanu, Polidori, Stoker, etc… para convertir el miedo a la muerte, el dolor y la soledad en criaturas fascinantes y atractivas, en luces que renovaron las sombras en las que refugiarse.

Después, Murnau, Browning y compañía proyectaron esas sombras sobre la pared, y cuando parecían haber muerto para siempre, la Hammer, Christopher Lee y Peter Cushing le recordaron al mundo el color de la sangre.

El mito se había hecho universal e inmortal, pero el vampiro perdió su esencia en favor de la fama imperecedera, el mito sacrificó la realidad, y así, el cine, el hijo predilecto del mundo moderno, desvirtuó por completo aquello que un día ayudó a llevar a la cima. El vampiro se había expuesto a las luces del éxito y agonizaba víctima de caricaturas en forma de crepúsculos y estupideces varias.

No había muerto, pero nadie se lo tomaba en serio. Hasta que un día, el vampiro se presentó de nuevo ante nuestras puertas y nos enfrentó de nuevo a miles de años de existencia con una sola sugerencia: Déjame entrar.

DÉJAME ENTRAR. EL VAMPIRO Y LOS DESEOS HUMANOS.

Así fue, como son siempre las cosas que llegan para permanecer en la memoria colectiva, de repente, de forma discreta e inesperada, Tomas Alfredson situó a la humanidad frente a la vida en su etapa más intensa. La adolescencia de los protagonistas ante los temores y las pasiones que nos mantienen vivos.

Déjame entrar. (EFTI. 2008.)
Déjame entrar. (EFTI. 2008.)

Déjame entrar nos obliga a enfrentarnos a la soledad, la impotencia, al dolor, la marginación, la tortura y la crueldad a través del personaje de Oskar, el lado humano de la historia. Y nos sitúa también ante el vampiro que el mito olvidó, al vampiro que pese a su condición y su poder, es incapaz de abandonar el recipiente humano que ocupa, el cuerpo en el que cumple condena y los vestigios de humanidad que, en esta ocasión, afloran para recordarle que aún cuando haga lo único que puede hacer, deberá sufrir por hacerlo.

Lina Leandersson. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)
Lina Leandersson. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)
Kåre Hedebrant. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)
Kåre Hedebrant. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)
Kåre Hedebrant. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)
Kåre Hedebrant. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)

Déjame entrar es un cuento de vampiros, un cuento que reclama a Le Fanu, Stoker, Ambrose Bierce, Poe… pero también reclama al cine, a la narrativa, la tensión y la interpretación. Es el milagro que nadie esperaba y todos necesitábamos.

Alfredson parece detener el tiempo, y sin embargo los acontecimientos transcurren vertiginosamente para Eli y Oskar. Al fin y al cabo, ella tiene tiempo, pero él no.

Por eso la ambigüedad y tensión sexual diluida en amistad, la necesidad de consuelo mutuo, el afecto al que condena la existencia frustrada y sin esperanza, se nos muestran como los recuerdos de una experiencia traumática. Ocurre muy deprisa pero se proyecta ante nosotros muy despacio. Ese es uno de los milagros cinematográficos que obró Déjame entrar.

Kåre Hedebrant. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)
Kåre Hedebrant. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)
Lina Leandersson y Kåre Hedebrant. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)
Lina Leandersson y Kåre Hedebrant. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)

El otro nos lleva directamente a una secuencia de la que dejo un enlace a pie de texto. Aquí estamos en la cima de varios pilares cinematográfico: la propuesta, el guión, el tiempo narrativo y las interpretaciones.

Como humano, Oskar cede a la desidia posterior al interés inicial, Eli le fascina, sigue siendo el amor de su aún corta vida, pero el juego es así, es momento de mostrarse inaccesible. Por su parte, Eli se presenta ante su puerta motivada a partes iguales por el vampiro y los ecos del humano que todavía gritan lo que debe hacer.

Lina Leandersson y Kåre Hedebrant. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)
Lina Leandersson y Kåre Hedebrant. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)

Su antiguo siervo ya es historia, el vampiro necesita un nuevo Renfield que lo alimente y lo guarde, y el humano una Mina o un Harker que le ame. Fiel a su conducta humana, Oskar pone a prueba al vampiro, y Eli, fiel al vampiro y el humano, entra sin permiso dispuesta a morir por sobrevivir y amar.

Ambos superan la prueba, Oskar comprende y rectifica su conducta pueril cuando Eli le muestra la verdadera esencia de la existencia, del ser humano, de sí mismo: “Grita, esas fueron las primeras palabras que te oí decir.” “Yo no mato gente.” “Ya… pero te gustaría, si pudieras…”

Per Ragnar. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)
Per Ragnar. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)
Lina Leandersson. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)
Lina Leandersson. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)
Lina Leandersson y Per Ragnar. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)
Lina Leandersson y Per Ragnar. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)

Esa es la clave de la historia, el humano comprende la esencia del vampiro cuando le pide que se ponga en su piel, Eli obra el milagro, pone el espejo en el que ella ya no puede reflejarse para mostrarle a Oskar su reflejo. El vampiro tiene que alimentarse y ocultarse, mata por necesidad, y Oskar tiene que vengarse, defenderse de la crueldad absurda del mundo que le rodea, y si ha de matar lo hará, pero lo que Eli le muestra, es que tal vez le gustaría hacerlo.

Cuando lo comprende, Oskar ya ha dejado de ser un niño, Eli y él se pertenecen mutuamente y así será hasta que a Oskar le toque cumplir con las leyes del humano. El vampiro ha conseguido entrar, el humano ha conseguido alguien a quien amar y el espectador observa como huyen hacia ninguna parte. Y después, sencillamente, se desmaya antes de entrar en coma.

Lina Leandersson. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)
Lina Leandersson. (Déjame entrar. EFTI. 2008.)

Déjame entrar es un cuento de vampiros sumidos en un invierno que no cesa, es el cruce de la soledad del vampiro con la soledad humana, de la eternidad cansada con el naciente deseo.

Un punto de inflexión en dos vidas que jamás debieron seguir un camino que empieza, pero no terminará jamás. Es, además, el último refugio que el cine ofrecerá al vampiro.

Enlace a la secuencia: https://www.youtube.com/watch?v=APxaGGdWOTg&ab_channel=Shudder

Película disponible: https://www.filmin.es/pelicula/dejame-entrar

Feliz viaje de vuelta hacia la noche. #SHADOWSRULES

David Salgado.

©24 sombras por segundo. Mayo 2021.

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