LA GATA SOBRE EL TEJADO DE ZINC. (RICHARD BROOKS, 1958.)

RICHARD BROOKS. EL SALVAJE DISCRETO.

Hoy, mediante la icónica, salvaje y maravillosa película La gata sobre el tejado de zinc, celebramos -además de su existencia y la de su creador Tennessee Williams– el cumpleaños de un director irrepetible y anticipado a su tiempo. Richard Brooks.

La gata sobre el tejado de zinc. (Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)
La gata sobre el tejado de zinc. (Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)

Y es que sobre el papel, Richard Brooks era uno de esos directores competentes, con el suficiente buen gusto y oficio como para llevar a cabo cualquier producto que hiciese sonreír satisfecho al público adormecido, la estúpida censura y la industria más rancia del cine norteamericano, incluso en la década más gloriosa del paripé yankee, los años 50.

Sin embargo, si observamos con atención veremos que Brooks era mucho más que un director fiel a los códigos morales, era un tipo listo y más salvaje que moldeable, un tipo más cercano, (e incluso precursor), a la explosión que se avecinaba -y que tuvo lugar en los setenta– que a la impostada tradición del ideal americano.

LA GATA SOBRE EL TEJADO DE ZINC. BROOKS & WILLIAMS. EL CALUROSO GRITO DE LIBERTAD.

1958 debió de ser un año caluroso, uno de esos en los que el verano se extiende a lo largo de todas las estaciones, y el termómetro cinematográfico no se mantendría al margen de las altas temperaturas.

Elizabeth Taylor y Paul Newman. (La gata sobre el tejado de zinc. Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)
Elizabeth Taylor y Paul Newman. (La gata sobre el tejado de zinc. Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)

Lee Strasberg cocinaba a fuego vivo los protagonistas de la siguiente era de Hollywood, en el Actors Studio la actividad era frenética y la temperatura no dejaba de subir.

Brooks lo sabía, por eso tal vez escogió los ojos helados de Paul Newman y los del irrepetible color de Elizabeth Taylor para volarle la cabeza a la humanidad con un golpe de calor, pues el calor, las altas temperaturas, los ambientes húmedos, viciados e irrespirables se unen para presentar al espectador a la principal protagonista de las obras de Tennessee Williams, la cortesana más vieja de América, la anciana viciosa, sucia e irreductible que atrapa con su calor aplastante a sus habitantes: Nueva Orleans.

Paul Newman y Burl Ives. (La gata sobre el tejado de zinc. Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)
Paul Newman y Burl Ives. (La gata sobre el tejado de zinc. Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)

Con todo esto a favor y en el momento adecuado, Brooks solo tuvo que aprovechar el momento y la oportunidad, podría gritarle a la humanidad con toda la fuerza de la homosexualidad frustrada de Williams, elevando a la cima a la nueva generación creada por Strasberg y eludiendo una censura a la que no le quedaría otra opción que una resignada rendición.

Williams describió el vicio americano y las relaciones familiares con un un realismo necesariamente doloroso, Brooks lo filmó a la antigua usanza eludiendo las viejas reglas, y Newman, Taylor y Burl Ives pusieron en evidencia que el ideal familiar americano era una gran estafa. Los chicos del Actors Studio habían llegado, los rebeldes tenían causa, y nada podría detener lo que Williams tenía que decir.

Elizabeth Taylor y Paul Newman. (La gata sobre el tejado de zinc. Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)
Elizabeth Taylor y Paul Newman. (La gata sobre el tejado de zinc. Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)

La inteligencia de Brooks se alía con la de Williams, y el director guía al dramaturgo y el espectador a través de una estancia divida en tres zonas. Como Dante a través de sus círculos, Brooks aprovecha el decorado y lo distribuye emocionalmente.

La planta superior alberga la farsa matrimonial, la planta intermedia la familiar y en el sótano se guardan la verdad y el dolor, entre polvo y bajo viejas sábanas, donde nadie pueda verlas. En cualquier caso, todo ocurre en el interior de la mansión, a salvo de la calurosa y sucia lluvia sureña que cae fuera, lejos de las miradas, ocultos de todo, excepto de sí mismos.

Burl Ives. (La gata sobre el tejado de zinc. Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)
Burl Ives. (La gata sobre el tejado de zinc. Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)

Brooks le dice a Taylor que haga suyo el calor de Williams y Nueva Orleans, y la gata trepa por las paredes hasta alcanzar el tejado, Newman también sabe lo que ha de hacer, resguardarse de su amor por Skipper, del calor de su esposa para él inservible y del dolor por la frialdad material de su padre tras la muleta y el alcohol.

Elizabeth Taylor y Paul Newman. (La gata sobre el tejado de zinc. Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)
Elizabeth Taylor y Paul Newman. (La gata sobre el tejado de zinc. Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)

Brooks deposita en Newman toda la frustración generacional de la incomunicación paterno-filial que padecieron los miembros del esplendor en la hierba y la rebelión sin causa, y en Taylor descarga el calor de la frustración sexual de Williams, del vicio justo y necesario para vivir que la sociedad se niega a sí misma. Newman representa a Williams en carne y hueso, pero Taylor lo hace emocionalmente, ese fue el acierto de Brooks, subir a la gata al tejado de zinc caliente, y elevar tanto la temperatura del espectador como para provocarle un desmayo.

Elizabeth Taylor. (La gata sobre el tejado de zinc. Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)
Elizabeth Taylor. (La gata sobre el tejado de zinc. Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)

La trama avanza, Brooks deja ligeramente de lado la sutileza con la que engaña a la censura y mediante la secuencia de la que hablaba descubre las cartas. Da instrucciones claras al viejo y nuevo Hollywood: Newman y Ives deben abrirse las venas y dejar que brote la verdad, ya no están a salvo de sí mismos en una de las estancias de la mansión donde la farsa funciona, ahora están fuera, bajo la viciada lluvia de Nueva Orleans, y allí, a venas abiertas la lucha generacional tiene lugar, la lluvia hace que la comunicación fluya y Ives y Newman se disparan la verdad.

Paul Newman y Burl Ives. (La gata sobre el tejado de zinc. Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)
Paul Newman y Burl Ives. (La gata sobre el tejado de zinc. Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)

El viejo y el nuevo cine se enfrentan porque Brooks es listo como un zorro y sabe que lo que está haciendo será el camino a seguir. Brick deja morir la farsa y Big Daddy se entera de que su hora ha llegado, y con la suya, la de la farsa familiar.

De pronto ya no tiene nada, sólo a Brick, sólo el amor real de su relevo generacional, mientras se aleja de la lluvia para refugiarse en el sótano donde guardan la verdad, Brick rompe su última barrera.

Paul Newman y Burl Ives. (La gata sobre el tejado de zinc. Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)
Paul Newman y Burl Ives. (La gata sobre el tejado de zinc. Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)

Ya no necesitará la muleta para apoyarse, Maggie la gata está ahí, como siempre, como ese fuego que no cesa, que ni toda la lluvia de Nueva Orleans conseguiría apagar.

Elizabeth Taylor y Paul Newman. (La gata sobre el tejado de zinc. Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)
Elizabeth Taylor y Paul Newman. (La gata sobre el tejado de zinc. Avon Productions, Metro-Goldwyn-Mayer. 1958.)

Skipper y Big Daddy han muerto, la muleta se ha roto, pero Brick puede apoyarse en Maggie para subir al tejado cuando vuelva del sótano. Ese tejado de zinc que le regaló a Williams su desahogo cinematográfico, alcanzó la cima, echó a volar el Actors Studio, anticipó la revolución del cine norteamericano y empujó al espectador al desmayo previo al coma.

Enlace a la secuencia: https://www.youtube.com/watch?v=2ncFrg9afa8&ab_channel=aucandyberry

Película disponible: https://www.filmin.es/pelicula/la-gata-sobre-el-tejado-de-zinc

Feliz viaje de vuelta hacia la noche. #SHADOWSRULES

David Salgado.

©24 sombras por segundo. Mayo 2021.

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