HAMLET. (TONY RICHARDSON, 1969.)

TONY RICHARDSON & SHAKESPEARE. KILL THE QUEEN.

Antes de sumergirnos en la mortecina y rebelde atmósfera del Hamlet de Tony Richardson, repasemos un poco la historia.
Vamos, no tan brevemente, al lío.

Obviamente, la pérfida Albión ha ensalzado histórica, teatral, social, universal, televisiva y cinematográficamente a una de sus figuras más representativas. Y obviamente, lo ha hecho bajo los dictados de su hipócrita, encorsetada, casposa y repugnante apariencia y doble moral.

Obviamente.

Porque, a pesar de lo que se cuece en los sótanos de la Reina Máter, sus hijos saben reconocer y exportar a los suyos. Shakespeare es universal por dos razones: su genio inigualable y el comercio anglosajón.

Pero allí donde hay represión, hay rebelión. Shakespeare era vanguardista, incisivo, irónico, incorregible, incontenible y dueño de un sentido del humor letal. Con esas balas cargó su descontento invernal y abrió fuego.

Obviamente.

Mucho tiempo después, las bases sobre las que la farsa británica se sustenta permanecían intactas. Sólidas y podridas a partes iguales, como la Dinamarca de Hamlet.

Mucho tiempo después, las alcantarillas y los barrios sucios y olvidados de la revolución industrial, las guerras mundiales y la degenerada pompa británica del siglo XX, se alzaron como los espectros Shakespearianos y reclamaron venganza.

Así, paralela a la resurrección de los monstruos coloreados de la Hammer, y un corto paso por delante de la Nouvelle vague, nace a principios de 1956 la corriente llamada Free Cinema. Una corriente que pretendía sacar el lodo a flote, no seguir sumergiendo la mierda bajo el Támesis. Así, impulsado por el carácter de la tempestad Shakespeariana, emergió el “Manifiesto de los jóvenes airados” (Angry young man), para manchar la heráldica británica con el hollín subterráneo.

Los padres de lo que haría tiempo después Ken Loach habían llegado. El Free Cinema nacía para no hacer prisioneros, para dotar los orígenes documentales del cine de mala hostia, valor, descontento y una sensibilidad propia de la mejor narrativa. Nacía para todo eso, para la hermosa revolución. Y para eso, necesitaba líderes.

Uno de ellos fue aquel solitario corredor de fondo llamado Tony Richardson. Y fue él quien -cuando las revueltas del siglo XX se habían apoderado de Europa- mezcló las luces de su movimiento con las del teatro. Así, el cine se alió de nuevo con el escenario y gracias a la sociedad entre el inconformismo del siglo XVII y el del siglo XX, el espíritu de la venganza se apareció de nuevo ante el público para reclamar justicia. Para contar la verdad.

En 1969, Tony Richardson encerró el cine en el teatro y sometió la furia de Shakespeare a las normas rebeldes del Free Cinema.En 1969, Hamlet se dejó aconsejar por Tony Richardson.

Así, el pálido rostro de la venganza se apareció por primera vez al público cinematográfico en color.

HAMLET OVER THE CROWN. THE ANGRY AND HUNGRY YOUNG PRINCE.

Richardson adapta a Shakespeare bajo las condiciones de los barrios sucios y olvidados por la Royal Crown, es decir, le corta el presupuesto. En la calle no hay para comer, pues en su cine no habrá lugar para las grandes producciones.

Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)
Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)

El príncipe danés recorrerá los caminos de la corte encerrado en pequeñas estancias en las que ni él ni el espectador verán puertas de acceso o de huida. No hay grandes salones, no hay grandes palacios alzados sobre grandes terrenos en el exterior. Como en la paradoja del propio Hamlet, Richardson somete la inmensa tragedia a la mínima expresión del espacio.

Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)
Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)

He ahí la clave de la cuestión. Richardson es listo como un zorro británico, y además un excelente narrador cinematográfico, por eso aprovecha la frugalidad del Free Cinema para poner la falta de medios a su servicio.

La ausencia de grandes espacios sirve a Richardson para encerrar al espectador en la sensación onírica del pretendido mundo enloquecido de Hamlet. Como en las pinturas de los grandes maestros tenebristas en los que -obviamente- se basa la fotografía de la película, sabemos qué ocurre, pero no sabemos dónde, ni cómo salir del lugar en el que ocurre.

La utilización del “menos es más”, de la economía de medios potenciada por la máxima expresión del minimalismo por parte de Richardson, sitúan su salvaje, libre y frugal visión de Hamlet en la cima.

Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)
Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)

Esa cima se sustenta en varias claves.
Primera clave: la pintura.
La fotografía de la película -obra del magnífico Gerry Fisher– es arrebatadora por hermosa e inquietante. Richardson ordena combinar la paleta con la palidez espectral de Vermeer y la oscuridad onírica de Caravaggio y el tenebrismo en general.

Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)
Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)

Por otra parte, el golpe de efecto que supone mostrar al fantasma como una “simple” luz proyectada sobre los rostros de la razón que invocaran mediante el teatro a la locura, es el paradigma de la vanguardia.

Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)
Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)

Menos es más. Menos, en este caso, lo es todo.

Segunda clave: el vestuario, el maquillaje y la ambientación.
El vestuario de la película -responsabilidad de Philippe Pickford– es maravilloso. Potencia infinitamente la narrativa impuesta por la fotografía, convierte prácticamente todos los planos en pinturas hipnóticas, hermosas e inquietantes.

Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)
Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)

La cámara de Richardson huye de los grandes espacios y cuando se cierra sobre los rostros o medios planos de los grupos de personajes, vemos -además de una composición impecable- mediante un maquillaje tétrico y excepcional, dos cosas: la pesadilla de la locura colectiva a través de una ambientación inmejorable y la antesala del desasosiego trasmitido por la pesadilla inquietante que supondría tres años después el delirio visual de Ken Russell en “Los demonios.”

Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)
Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)

El Hamlet de Richardson no provoca temor y una reacción visceral porque se base en la mera estética. Lo provoca porque su calado se basa en una narrativa visual que pega la película a la piel.

Tercera clave: la narrativa.
Richardson lo vuela todo por los aires, ahí encontramos la máxima grandeza de su mínima expresión. Shakespeare disparó contra todo lo que se moviese, pero lo hizo refugiado tras la trinchera de la ambigüedad. Richardson es un rebelde del siglo XX, un “angry man” bajo el lema del cine libre. Por eso deja atrás la ambigüedad.

Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)
Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)

En su Hamlet no hay ricos tapices tras los que ocultarse. El incesto entre Laertes y Ofelia se manifiesta a la cara, el deseo sexual entre Hamlet y Gertrude crece conforme sus desencuentros aumentan -para terminar, de hecho- en el paroxismo que culmina con la muerte del voyeur. Polonio, el ladino y lascivo testigo invisible del no tan discreto complejo de Edipo entre Hamlet y su madre.

Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)
Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)

Richardson lo vuela todo por los aires.

Obviamente.
Cuarta clave: las interpretaciones.
La asimilación de las intenciones del director, de su inquietante y onírica teatralidad, son trasmitidas al espectador mediante un reparto inteligente, sutil, con una dicción e intención maravillosamente teatrales y ante todo un servicio a la puesta en escena fantasmagórica absolutamente brutal.

TONY RICHARDSON & SHAKESPEARE. KILL THE QUEEN. Antes de sumergirnos en la mortecina y rebelde atmósfera del Hamlet de Tony Richardson, repasemos un poco la historia. Vamos, no tan brevemente, al lío.
Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)

Todo el reparto -incluida una iniciada Angelica Huston que eleva las composiciones y el concepto de figuración al infinito buen gusto- se transforma en un espectro pálido al servicio de una película con un solo propósito. Volar las convenciones británicas, el teatro llevado al cine, el cine sobre las tablas del teatro y el Reino Unido en general, por los malditos aires.

Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)
Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)
Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)
Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)

Hamlet bajo las normas de la anarquía de los Angry young man. Bajo el Free Cinema. Bajo el solitario corredor de fondo que fue Tony Richardson. Obviamente.

Y dios y la reina, que se salven solos.

Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)
Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)

El primer Hamlet en color es pálido, listo y está hambriento. Y nos volará la cabeza.

Obviamente.

Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)
Hamlet. (Columbia Pictures, Filmways Pictures, Woodfall Film Productions. 1969.)

Feliz viaje de vuelta hacia la noche. #SHADOWSRULES

https://www.filmin.es/pelicula/hamlet

David Salgado.

©24 sombras segundo. Junio 2021.

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