THE LAST STOP IN YUMA COUNTY.
JUEGOS DE CINE, POR FRANCIS GALLUPPI.
El título The Last Stop in Yuma County evoca directamente el universo del Western, y en cuanto el espectador ha visto los planos iniciales de esta historia puede que se pregunte si asistirá a una Road Movie, a un drama, una comedia, una película de acción o incluso a una historia de amor; pero lo que tendrá perfectamente claro es que se trata de un Thriller.

En su debut en el largometraje, Francis Galluppi difícilmente podría abordar una miscelánea cinematográfica con más acierto. En una de las incontables carreteras desérticas que dan forma al mito de los Estados Unidos como un recurso narrativo, una serie de planos revelan la presencia de un camión de combustible volcado tras un accidente. Después, un viajero de aspecto anodino al volante de un modesto coche llega a una estación de servicio —y como si de una especie de MacGuffin o un extraño presagio se tratase— un pequeño pájaro posado sobre uno de los depósitos llama su atención.

La carretera, el desierto, el accidentado camión de combustible, el apocado conductor, su sobrio automóvil… todo conduce la memoria e intuición del espectador a Duel (Steven Spielberg, 1971), aquel relato magistral que el cineasta y el escritor Richard Matheson llevaron a cabo para convertir una Road Movie en una sensacional pieza de cine de terror catódico.
Mediante este breve preámbulo, el juego cinematográfico de Galluppi ha puesto en escena el Western, a Hitchcock y Spielberg, y posiblemente con esa carretera también haya hecho pensar al espectador en los Hermanos Coen y sus insólitos Thrillers en los que la frenética cadena de acontecimientos suele desatarse lentamente.
Así es el juego de cine que propone Galluppi en su modesta a la par que ambiciosa película, un juego en el que no solo intervienen estas piezas. Hay mucho más dispuesto sobre el tablero en el que The Last Stop in the Yuma County se desarrollará…
KILLING ME SOFTLY. A GAS & CASH TALE.
«Ese, el que se parece al travesti de Psicosis».
«¿Anthony Perkins?».
Sibil (Sierra McCormick) le dice a Miles (Ryan Masson) que El vendedor de cuchillos (Jim Cummings) se parece al protagonista de Psicosis.
Sibil se parece a Jane Fonda en los días en los que protagonizó The Chase (La jauría humana, Arthur Penn, 1966). Miles va vestido como Martin Sheen en Malas tierras (Terrence Malick, 1973) —además de mencionar la película a Sibil— y efectivamente, El vendedor de cuchillos se parece notable y significativamente a Anthony Perkins.


Todo este baile de «disfraces cinematográficos» tiene lugar en el exterior e interior del restaurante de la gasolinera; pero mucho antes, cuando El vendedor de cuchillos llega con la intención de repostar combustible, tras el camión accidentado y el pequeño pájaro actuando a modo de heraldos de la fatalidad, Vernon (Faizon Love), el dependiente de la gasolinera, le dice que los tanques están vacíos y debe esperar a que llegue el camión o recorrer más distancia de la que el depósito de su vehículo le permitirá hasta la siguiente gasolinera.
Para aliviar el contratiempo, Vernon ofrece la posibilidad al Vendedor de cuchillos de esperar en el restaurante, algo que en principio rechaza, pero dirige su coche hacia la puerta del establecimiento, en el que una nueva pista aparece a ojos del personaje y el espectador: «Morirá por nuestra tarta de ruibarbo», dice a modo de sentencia, tentación y advertencia un cartel en la fachada del restaurante.


Poco después, aparece el coche del Sheriff de Yuma County, Charlie (Michael Abbott Jr.), que trae al trabajo a su esposa Charlotte (Jocelin Donahue), la dueña del restaurante. Las puertas del establecimiento se abren, y aunque nadie lo sabe —ni los personajes ni el espectador— hay algo, un deje de tristeza sin concretar, tal vez, que parece alertar sobre la remota posibilidad de un peligro, de una fatal y serena cadena de acontecimientos.
Así, El vendedor de cuchillos sigue los pasos de Charlotte, personaje esencial en esta historia fronteriza entre la eterna aridez inherente a la ausencia de esperanza en la carretera que cruza el desierto, y el único refugio que supone sus sonrisa, su café y su tarta de ruibarbo… en muchos aspectos la película de Francis Galluppi parece una página arrancada de alguna novela de Carson McCullers y su universo en el que todo se desarrolla en torno a una despedida.
Antes de abrir la puerta que en apenas unos minutos se convertirá en una serena tragedia llena de personajes insólitos fabricados en el cine del pasado, del que Galloppi se apropia en favor del futuro del propio cine, Charlotte se despide de Charlie.
Pero esta The Last Stop in Yuma County sabe cuándo, cómo y a quién conceder algo de paz. «Te amo», esa es la sentencia final entre ambos personajes, el último aliento de paz que concederá la película antes de que, suave y lentamente, atrapados en una trama que gira en torno a la gasolina y el dinero en efectivo, todos desaparezcan…
El restaurante abre sus puertas y todo se ciñe a la tenue luz con la que la excelente fotografía de Mac Fisken protege el interior del sol que hace de la tierra un lugar salvaje del que surgen el resto de personajes que, de uno en uno, acceden al interior del local que los hermanos Beau (Richard Brake) y Travis (Nicholas Logan) convertirán en el centro de la trama tras su aparición en un Ford Pinto, un coche que comparte protagonismo con otra de las estrellas modestas de la temporada, la arrolladora Strange Darling.







La extraña sensación de peligro crece en el espectador, y los personajes —cuyas apariciones y tramas ahora se dividen en dos mundos incomunicados por un teléfono inutilizado— aportan la tensión previa al crimen por un lado (el interior del restaurante), y la comedia derivada de personajes caricaturescos, ceñidos al retrato que los citados hermanos Coen suelen hacer de la idiosincrasia estadounidense. Esta parte resulta especialmente notable en los personajes que pueblan la oficina del Sheriff: Charlie (Michael Abbott Jr.), su torpe, solícito —y de intervención decisiva entre los dos espacios—, ayudante, Gavin (Connor Paolo), y Virginia (la mítica Barbara Crampton), la secretaria del Sheriff.



Como gotas de agua que caen sobre un recipiente al límite de su capacidad, los personajes llegan sin cesar a la gasolinera, dejando sus vehículos varados a la espera del combustible, y accediendo al interior de ese último refugio, de ese restaurante fronterizo en el que confluyen el Western, Hitchcock, Terrence Malick, Spielberg, Arthur Penn, Sam Peckinpah y su The Getaway, los hermanos Coen, Tarantino, la novela gótica sureña…
Todas las sensaciones previas se deslizan hacia la realidad lentamente, y suavemente, la muerte desempeña su papel, tanto en el tenue interior como en el despiadado paisaje exterior. Todo ocurre de forma tragicómica, y todos se matan suavemente, lentamente, como si supiesen de antemano que «morirán por esa tarta de ruibarbo».









Unas millas más allá, ese camión nacido en el Duel de Spielberg y Matheson será el último testigo del duelo a muerte, del último lamento que brota de la ya no tan serena desesperación de los personajes condenados en The Last Stop in Yuma County.
El primer largometraje de Francis Galluppi es, sin duda, un estupendo y modesto juego de cine.
Película disponible en MOVISTAR+:
Feliz viaje de vuelta hacia la noche. #SHADOWSRULES
David Salgado.
©24 sombras por segundo. Abril 2025.
