NIGHTBORN.
HANNA BERGHOLM Y LA PROFANACIÓN DE LA MATERNIDAD.
Nightborn —Yön Lapsi en su lengua vernácula—, la nueva película de Hanna Bergholm, sucede a la estupenda Ēgo en el camino que la directora ha emprendido dentro del cine nórdico actual.

Ese camino, iniciado en su visión magnífica y grotesca de la maternidad que eclosionó literalmente en su película anterior, conduce en este caso al epicentro de uno de los templos sagrados del Folk-Horror, el bosque como lugar que concibe y alberga poderes y criaturas secretas, supervivientes a través de la memoria y ciertas costumbres consideradas extravagantes por el mundo que, en su pretendido progreso, ignora todo aquello que un día ha de regresar.
Así, Nightborn se trata en realidad de una nueva profanación de la maternidad por parte de Hanna Bergholm en favor de la fantasía grotesca e ilimitada que siempre ha reinado en los relatos de terror.
EVIL BORN RISE.
No hay relación alguna entre la saga Evil Dead y este cuento finlandés de terror que Bergholm ha convertido en cine, sin embargo en Nightborn el mal se concibe, alimenta y crece exclusivamente en base al bosque, medio de invocación y expansión común a la mayor parte de la saga creada por Sam Raimi. Tampoco parece posible establecer a priori una relación entre esta película y una de las obras canónicas de Roman Polanski, Rosemary’s Baby (1968), sin embargo Nightborn se sirve de ambos referentes para sumarlos a la idiosincrasia del fantástico nórdico y conseguir una obra dotada con plena personalidad propia.
En la película de Bergholm, el bosque impone su poderosa presencia prácticamente desde el inicio, tanto para concebir a uno de los protagonistas principales, como para manifestarse con formas feéricas y relativamente sutiles que, a nivel emocional y físico, someten a su particular encantamiento a Saga (Seidi Haarla), la futura madre del mal cuyo poder emana del bosque y crece bajo sus designios.

Nightborn es una coproducción entre Finlandia, Lituania, Francia y el Reino Unido —de ahí la concesión a ciertas formas reconocibles en el cine pensado para mercados más amplios de los que Bergholm alcanzó con su película anterior—, pero su esencia se mantiene fiel al espíritu nórdico; de hecho uno de los planteamientos más interesantes del guion —escrito de nuevo por Ilja Rautsi y la propia Bergholm— es el contraste constante entre los personajes de corte europeo/anglosajón y la certeza en la existencia de poderes atávicos que aflora en modo de supercherías propias de cuentos de terror sujetos por completo a la fantasía nórdica.
Así, tras la presentación de la pareja protagonista formada por Jon (Rupert Grint) y Saga (Seidi Haarla), el bosque cobra una presencia e importancia tan crecientes como definitivas en esta historia que sacude por completo los cimientos de la maternidad y unidad familiar. Ya en los primeros compases de la película el bosque irrumpe de forma extraña e inquietante, lo suficiente como para alertar a la protagonista y el espectador, testigos de la intervención de una rama que adopta la forma de una mano.

Semejante intervención no hace más que ir en aumento, tanto en el propio bosque como en los objetos que la abuela de Saga dejó abandonados en los límites de su propiedad, en la que ahora se instalará la nueva familia. Todos esos objetos no son más que desperdicios a ojos de Jon, consecuencias de la extravagancia nórdica y la mente anciana de la abuela de su pareja. Todos esos objetos están fabricados con hierro, que en su abandono permanece frío, intencionadamente frío…
En toda historia fronteriza entre el mundo humano y el sobrenatural —o preternatural— que se precie es obligatoria una barrera construida por los humanos conscientes que trate de impedir el avance de las antiguas fuerzas, dispuestas a someter a los miembros inconscientes de la especie. Nightborn no es una excepción, de hecho somete a la familia protagonista a los designios del bosque y sus criaturas desde el inicio. Mediante señales sutiles a la par que notorias que solo Saga parece percibir, el bosque seduce a la pareja, que cree concebir a su hijo en plena naturaleza, pero los futuros acontecimientos pondrán en evidencia la realidad sobre la descendencia de Saga, cuyo nombre resulta de lo más elocuente con respecto a esta historia.


Bergholm maneja perfectamente todos los elementos narrativos de la película, pero uno de los principales golpes de efecto llega al interrumpir la concepción, dado paso de forma abrupta al parto, en una aproximación más que considerable al Body-Horror, y dejando meridianamente claro que no habrá concesiones de ningún tipo a los cánones sociales. La evolución del embarazo transcurre de forma similar —salvando las evidentes distancias— a la antes mencionada Rosemary’s Baby; así, como en su día lo hizo Mia Farrow, Seidi Haarla experimenta extrañas señales y dolores a lo largo de la gestación, además de aumentar su conexión con el bosque y los extraordinarios conocimientos de su abuela.

Todo esto no hace más que alejar a Saga de la civilización en la que su madre y su marido viven acomodados, un abismo los separa, algo que en lo referente a su madre comenzó en la infancia de Saga, inclinada de forma natural a conocer los secretos que su abuela mantenía al otro lado del bosque. No hay nada al azar en el comportamiento de Saga con respecto a su hijo, del que conoce su naturaleza desde el primer instante de su existencia, y al que no por casualidad nombra como Kuura, una palabra directamente relacionada con el frío que envuelve las leyendas nórdicas.
Una vez que Kuura ha nacido, crece, se alimenta y se comporta de forma antinatural, algo que Bergholm utiliza de forma sensacional a favor de la narrativa. El rostro del niño siempre se oculta en una oscuridad que parece emanar de sí mismo, vampiriza literal y físicamente a su madre para alimentarse, y la comunicación entre Saga y su hijo se desarrolla exclusivamente en el retorno a un lenguaje primitivo.
Todo rastro de las costumbres sociales occidentales desaparecen en favor de la naturaleza oscura, fría y salvaje que une a Saga y Kuura; esto provoca la incomprensión de su madre, y muy especialmente el deterioro de la relación con Jon, un personaje que supone una excelente y sorprendente interpretación por parte de Rupert Grint —resulta llamativo que, en su etapa adulta, tanto Grint como Daniel Radcliffe hayan cambiado sus trajes de mago en Harry Potter para adentrarse en las oscuridades del terror, Grint en la película que nos ocupa, y Radcliffe en la estupenda La mujer de negro (James Watkins, 2012)—, Jon, decía, atraviesa las etapas que la lógica de su personaje dicta, pasando del recelo inicial al estupor y el horror final. Sin embargo, Bergholm guarda un fantástico as narrativo en la manga con respecto a este personaje, un as que, afortunadamente, rompe las posibles previsiones del espectador.







Pese a la presencia de Rupert Grint y las características un tanto aperturistas de la producción, Nightborn es una película fundamentalmente nórdica, y como tal se debe a ciertos preceptos. Bergholm lo sabe, conoce el acervo cultural de su país y sabe cuál es la verdadera naturaleza del cuento nórdico. Por eso —además de una subtrama que entronca ligeramente con la fascinante El reno blanco (Erik Blomberg, 1952)—, Bergholm trae a escena una de las figuras implacables del cine nórdico: el predicador.
Christian, el padre de Jon —que no muestra abiertamente su condición de predicador— aparece en la película junto a su esposa en el momento preciso de la trama y el desconcertante comportamiento de Kuura y su madre. De hecho, otro de los grandes aciertos en la narrativa de Bergholm se aprecia en la acertada presentación de los personajes y la presencia de los secundarios —a los padres de Jon hay que sumar las amigas de Saga, que protagonizan una secuencia estupenda, y su hermana, siempre a medio camino entre el crédito hacia Saga y el rechazo que le provoca cuando abraza la lógica establecida—.











La irrupción del párroco como verdadera identidad del padre de Jon desvela el secreto guardado por el bosque y sus habitantes ancestrales —que no son otros que una variante de los míticos Trolls— y la abuela de Saga, conocedora del hierro frío como elemento fronterizo entre el bosque y los humanos, para quienes ya es demasiado tarde. El bosque —verdadero padre de Kuura— avanza implacable y se hace con la casa en la que los humanos habitan mientras la criatura que creían su hijo crece y adquiere un poder al que nadie podrá hacer frente, un poder que tras escoger a Saga como madre de la nueva especie —como hizo Polanski en su infierno urbanita—, destruye la última frontera construida por los humanos y avanza para recuperar su lugar en un tiempo y un espacio que cometieron el terrible error de negar su existencia.
Nightborn es un maravilloso cuento nórdico de terror contado por Hanna Bergholm mediante su magnífica forma de hacer cine.
TRÁILER de la película:
https://www.youtube.com/watch?v=QCYdpK5b5-4
Feliz viaje de vuelta hacia la noche. #SHADOWSRULES
David Salgado Marcote.
©24 sombras por segundo. Agosto 2026.
