DIE MY LOVE. EL RUIDO, LA INFLUENCIA Y LA FURIA.
Die My Love, la última incursión de Lynne Ramsay en el drama con hechuras de Thriller que recorre las laberínticas sendas de la psicología y carreteras secundarias estadounidenses, se expone literalmente al ruido de sus personajes, la influencia de ciertos nombres sagrados en el cine americano, y a la furia con la que será atacada sin piedad en base a esa influencia.

Ramsay habrá de afrontar con Die my Love los ataques derivados de la inevitable comparación con aquella película gigantesca que fue Una mujer bajo la influencia (John Cassavetes, 1974), sin embargo —y a pesar de distar considerablemente de las mejores películas de su autora—, las semejanzas entre este título y el de Cassavetes sirven únicamente como alimento. La verdad es que no encuentro ningún motivo razonable para despreciar la película de Ramsey por su parecido con una fuente de inspiración que, por otra parte, lleva iluminando el camino del cine independiente estadounidense desde hace más de cincuenta años, tanto del que es realmente independiente como del que pretende aparentarlo.
Lo más probable es que Die My Love también reciba una dosis considerable de hostilidad debido a su visceralidad y estruendo musical, y por el caos hecho ambigüedad al que conduce un último tramo que, si bien es relativamente parco en palabras, cae en un inusual subrayado a base de imágenes, de situaciones que habría sido mejor suponer que contemplar, especialmente teniendo en cuenta que Jennifer Lawrence es el grueso de la película en absolutamente todos los sentidos, y una vez que ha dicho y mostrado todo lo que sostiene la película, ciertas metáforas en el interior de un bosque no son necesarias.
Todo esto, creo, servirá como ataque a la nueva obra de Ramsay, sin embargo estoy tan seguro de haber visto una gran película como de que esta Die my Love se aleja de los mejores títulos de su autora.

Die my Love se distancia de Tenemos que hablar de Kevin (2011) y En realidad nunca estuviste aquí (2017) porque se arriesga demasiado con el formato —ese maldito cuadrado, y ese afán por lograr una apariencia de cine independiente, arrebatado y desesperado que sí podemos ver de forma natural en Buffalo ’66 (Vincent Gallo, 1998)—. También apuesta de forma muy arriesgada en los paralelismos con el tándem Gena Rowlands/Cassavetes, porque aunque es cierto la fuente de inspiración no es problema y que Jennifer Lawrence puede y arrasa literalmente con todos los obstáculos de la película, también lo es que Robert Pattinson va poco más allá del error fatídico de Casting que siempre desequilibra la balanza.



Sin embargo, vista en conjunto Die my Love ofrece los caminos habituales por los que Ramsay conduce a sus personajes a las fronteras entre la sociedad y la locura (en este caso muy a propósito heredada de las motivaciones familiares y sociales de Gena Rowlands en la película de Cassavetes), y también traza una serie de muy breves caminos de regreso a la felicidad, mostrada como un sueño, o incluso como la alucinación frustrada del dolor extremo que se vuelve locura; o tal vez al revés, pues en este caso Ramsay y Jennifer Lawrence empeñan sus esfuerzos y la reputación de la película en dejar al espectador sin un rumbo fijo en esta serie de sueños proyectados sobre, literalmente, el ruido y la furia.



DE FELINOS, ABISMOS Y MALAS TIERRAS PARA EL ESPLENDOR EN LA HIERBA.
A lo largo de las décadas que fraguaron, expandieron y dieron la dimensión definitiva al cine como expresión del hastío y la revolución, hay cuatro títulos fundamentales (aunque no son los más recordados) que de alguna manera entroncan con este declaración de pasionales intenciones que es Die My Love.
En 1961, tras la era del cine estadounidense que reflejó el cisma generacional posterior a la Segunda guerra mundial en forma de melodramas con aires de literatura gótica sureña, Elia Kazan filmó aquel Esplendor en la hierba, en la que Warren Beaty y Natalie Wood encarnaron la eterna historia de Romeo y Julieta, llevada a los terrenos de las Road Movies por Terrence Malick durante el reinado de la violencia y la suciedad en su poética y pausada añoranza de los años 50 en Malas tierras (1973), cuya protagonista, Sissy Spacek, regresa de forma nada casual en la película de Ramsey.
Entre esos extremos de los espacios temporales del melodrama estadounidense, tuvieron lugar en la Europa de los años sesenta dos acontecimientos cinematográficos que —insisto, si bien no reciben la atención que merecen— sí son películas gigantescas y sí, en cierto sentido, entroncan con la fuerza de Die My Love. Con Los abismos (Nikos Papatakis, 1963), el cineasta griego afincado en Francia muestra una pasión furiosa rayana en la locura, trasmitiendo al espectador una sensación de caos que, si bien resulta fascinante, disipa cualquier posibilidad de empatizar con los personajes de Die My Love, especialmente con Grace (Jennifer Lawrence).






En 1964, René Clemént planteó en Los felinos un magnífico juego de pasiones, luces y sombras que sus protagonistas recorren como un laberinto, siempre fieles a un instinto felino. En Die my Love, Ramsay también se sirve de un marcado comportamiento felino, desde ciertas afinidades y hostilidades entre las especies, hasta los juegos afectivos y sensuales entre los dos protagonistas, siempre vigilados por Pam (Sissy Spacek), ese personaje estupendo con el que la veterana actriz permite a Ramsay introducir rasgos maternales de ciertas y retorcidas obras de Alfred Hitchcock.





Die My Love resulta excesiva en lo que se refiere a su caótica vehemencia, y el reparto desigual deja en evidencia las carencias de Pattinson, de las que la película se resiente demasiado, cierto. Pero una realidad mucho más poderosa es la presencia de Jennifer Lawrence a los mandos de un personaje incontenible, que hace de su existencia perpetua en el abismo un juego, un nuevo y frenético esplendor en la hierba que brota en las malas tierras.








No creo que Die my Love sea la mejor película de Lynne Ramsay, y ni muchísimo menos que se acerque al cine del que se alimenta, a esa Mujer bajo la influencia que siempre será Gena Rowlands, pero sí estoy seguro de haber visto una gran película acerca del caos y la soledad en sus formas más airadas y terribles, una gran película que —tal vez como su protagonista, Grace— no merece la hostilidad que probablemente reciba.
Película disponible en MUBI:
https://mubi.com/es-es/es/films/die-my-love
Feliz viaje de vuelta hacia la noche. #SHADOWSRULES
David Salgado Marcote.
©24 sombras por segundo. Enero 2026.
