SACCHARINE.
NATALIE ERIKA JAMES Y LAS EXTRAÑAS FAMILIAS.
Saccharine no solo llega para ocupar un lugar destacado en el universo del cine australiano y de terror, sino para fijar una más que merecida atención sobre Natalie Erika James y su cine, que distorsiona muy convenientemente el concepto de la familia.

Tanto en sus cortometrajes Tritch (2011), Burrow (2013), Creswick (2017) y Drum Wave (2018), como en su estupendo debut en el largometraje con Relic (2020), Natalie Erika James se ha centrado en el cine australiano como medio narrativo para exponer una serie de relaciones familiares perturbadas por elementos extraños que no son sino la extensión de sus problemas internos.
Esta constante se vio interrumpida por Apartament 7A (2024), un muy interesante y arriesgado Remake a modo de precuela de Rosemary’s Baby (Roman Polanski, 1968), película con la que, por primera y última vez hasta la fecha la directora filmó en Estados Unidos y se alejó —solo parcialmente— de sus tribulaciones familiares habituales.
Con Saccharine, Natalie Erika James regresa a sus dos terrenos más explorados —el australiano y el familiar— mediante la que rivaliza seriamente con Relic para alzarse como su mejor película, y sin duda se sitúa entre lo mejor que el género ha ofrecido esta temporada.
Saccharine se nutre —literal y figuradamente— de la visión distorsionada de la realidad en el más amplio sentido del término.
«EAT FOLLOWS». VISIONES Y REALIDADES CONVEXAS.
No existen las líneas rectas en Saccharine, y la única que parece trazar un camino llano es precisamente la que conduce a las mayores aberraciones físicas y emocionales. Aunque no aborda las cuestiones familiares de forma tan directa y exclusiva como lo hizo en Relic, en su nueva película James distorsiona la visión para derivar el personaje protagonista y sus lazos científico-sobrenaturales hacia un terreno alejado de todo aquello que conoce; pero hay un punto de anclaje familiar permanente que sirve a modo de detonante agazapado.
Saccharine comienza introduciéndose de lleno en las formas con las que Coralie Fargeat filmó en La sustancia las obsesiones relativamente modernas de colores y texturas creadas para ingerir y vender como retos vitales, por lo que el desarrollo de la trama —aunque siguen estilos completamente diferentes— también entronca con La hermanastra fea (Emilie Blichfeldt, 2025), otro de los puntos álgidos de la temporada.

James presenta en su historia a Hana (Midori Francis), una estudiante de medicina atormentada por su aspecto físico —un factor clave en la ruptura de su familia—, a quien se le presenta una insólita oportunidad para cambiar su cuerpo sin esfuerzo y en muy poco tiempo.
Además de su familia, compuesta por su madre, Kimie (Showko Showfukutei) —quien en su afán por controlar a su hija bascula constantemente entre su rechazo al sobrepeso y el extremo contrario que Hana alcanzará—, y su padre, Travis (Robert Taylor), víctima de su propia obesidad, que sirve muy a propósito como motivo único para la incomunicación y destrucción de su familia, Hana orbita también en torno a dos satélites que representan el contrapunto constante de la trama: Josie (Danielle Macdonald), su íntima amiga y compañera de carrera, y Alanya (Madeleine Madden), monitora en un gimnasio que aparece en la vida de Hana por casualidad, y que será el culmen de la cadena de consecuencias iniciada por una obsesión.


Tras los créditos y la breve presentación inicial, Hana topa con una de esas coincidencias que todo personaje ávido de intenciones inconfesables encuentra antes o después en su camino; si las historias de corte «fáustico» tienen un factor en común, es sin duda la oportuna aparición del diablo ante quien de una forma u otra lo invoca. Así, Melissa (Annie Shapero), una antigua conocida reaparece en la vida de Hana, camuflada tras un nuevo aspecto físico cuyo secreto es revelado e introducido no solo en el cuerpo y la mente de Hana, sino —de forma indirecta— en el seno de la futura comunidad científica.



Hana acepta el ofrecimiento; impulsada por su curiosidad científica investiga el contenido de la píldora que Melissa le facilitó, así descubre que se trata de las cenizas resultantes de la incineración de un cadáver. Esto —además de elevar exponencialmente la premisa—, hace de Saccharine un recipiente en el que se mezclan argumentos sociales clásicos con un catalizador científico que altera la naturaleza de la película hasta convertirla en una miscelánea excepcional de tribulaciones emocionales, sociales y familiares que devienen en la lucha entre una nueva encarnación de la figura del Mad Doctor contra los espectros que sus juegos con lo que queda tras muerte invocaron.
Tras el terrible descubrimiento —y siempre de forma paralela a la línea trazada por su familia y sus relaciones personales con Josie y Alanya—, Hana emprende un camino descendente y sin retorno hacia el corazón que late en las profundidades de todo Mad Doctor que se precie: la muerte como aliado para los anhelos personales. Ya sea en la literatura enrarecida y febril de Edgar Allan Poe, o en las pulsiones científicas de Mary Shelley o Robert Louis Stevenson, cruzar las líneas prohibidas siempre resulta inevitable para los protagonistas.
De esa forma, Hana sigue su propia lógica hacia el desastre; aprovecha su ventaja científica y —poseída por sus propios deseos estéticos que en realidad son carencias familiares, e impulsada por su irreverencia científica— se alza como un nuevo Mad Doctor que reclama a sus antecesores: los Doctores Jekyll, Frankenstein y Valdemar, o las figuras reales de Paracelso y el Dr. Robert Knox y sus esbirros Burke & Hare, los míticos ladrones de cadáveres, Hana se alza en base a todos ellos descendiendo a las profundidades de los cánones sociales y científicos sujetos a la moral, y en la oscuridad profana absolutamente todo incinerando un cadáver y fabricando sus propias píldoras con las cenizas.



El guion de Saccharine es sensacional en todos los aspectos, pero juega una de sus mejores bazas mediante el contraste de dos extremos encerrados en una sola cápsula: por un lado, Hana abre una nueva puerta a la investigación que rechaza todos los dogmas excepto los impuestos por la propia ciencia; por otro, recurre a un acto tan arcaico como ingerir las cenizas de un cadáver, algo que —además de describir a la perfección el sufrimiento del personaje—, introduce en la película elementos tangenciales al Vudú y ciertos ritos de naturaleza tribal y ocultista; así, Natalie Erika James crea una dicotomía con la vanguardia y los recursos ancestrales que logra para su película un rasgo distintivo.
Una vez planteados estos dilemas y con las intenciones al descubierto, Saccharine sigue su propio camino recorriendo un tramo largo de tensión estática y conflictos familiares heredados de Relic, y finalmente divide el camino en dos tramos que a su vez también se alimentan de influencias notables: por un lado sigue el influjo del Body Horror alejado de los excesos sangrientos y cercano a la filosofía de David Cronenberg, y por otro crea una criatura propia, una suerte de <<Eat Follows>>, de Ave Fénix que resurge de sus cenizas y transforma a su conveniencia aquella maravillosa It Follows (David Robert Mittchel, 2014), lo cual, además de acercar la situación de Hana a una visión muy interesante de Dorian Gray, dota al espectro vengador con características similares a las que podría tener un nuevo Golem.









Todos los factores suman en Saccharine en favor de un resultado extraordinario que carga el peso en su propuesta de visiones y obsesiones convexas y extrañas lecciones de anatomía —sin duda, estas metáforas son el otro punto álgido del guion— y la extraordinaria interpretación de Midori Francis, quien a base de ceder su sobrepeso a las demandas del monstruo que invocó mediante la ciencia, hace patente la malsana necesidad de alimentarse de Hana, rayana en la comedia grotesca cuando Natalie Erika James hiperboliza la situación.





Como en toda historia de terror con un personaje que desafía el supuesto orden natural de las cosas, en Saccharine ha de haber una concesión final a la moral literaria, un viaje del héroe en el que exista un pago por los deseos que su concesión al villano hicieron realidad.
Pero no es mi intención revelar los secretos de ese pago…
TRÁILER de la película:
https://www.youtube.com/watch?v=B55_Ij1Xdjo
Feliz viaje de vuelta hacia la noche. #SHADOWSRULES
David Salgado Marcote.
©24 sombras por segundo. Septiembre 2026.
