EL PADRINO II. WELCOME TO AMERICA.
Antes de obrar de nuevo el milagro con El padrino II, cuando el cine norteamericano empezaba su renacimiento, su ilustración particular, su batalla renovadora e iconoclasta contra las viejas formas, un tipo se propuso llevar a cabo una película de Gángsters oscura, lenta y de unas tres horas de metraje.

Por si todo aquello resultase poco para obtener la negativa de los grandes estudios a los que pretendía derrocar, reunió un reparto desconocido con una sombra del antiguo sistema.
En 1972, Coppola hizo del valor y el talento la vía para alcanzar la cima cinematográfica, el éxito en taquilla y la razón para sus colegas de infatigable lucha. Con una vieja historia de Gángsters contada de una forma nueva, el nuevo Hollywood se hizo invencible, hasta que se suicidó. Pero esa es otra historia.
Sin embargo, El padrino no sólo sirvió de guía e impulso para todo esto, sirvió ante todo para que Coppola, Robert De Niro, Robert Duvall, Al Pacino, Diane Keaton, Talia Shire, John Cazale, además de Marlon Brando y Lee Strasberg como maestros renegados del viejo sistema, llegasen a la máxima expresión de la película en su continuación.

El padrino II no sólo es otra cima inalcanzable, es posiblemente el único caso en el que una película es la meta de su antecesora. En 1972 Coppola sólo tenía valor y talento, y El padrino es una cima, un milagro. En 1974 Coppola tenía valor, talento y millones. El padrino II es inalcanzable, es la meta definitiva del saber, hacer y sentir cinematográficos.
En esta ocasión Coppola jugó sus cartas con la misma actitud desafiante, Gordon Willis sumió de nuevo a las piezas del tablero en unas sombras maravillosas, y el reparto repitió su desafiante y aún relativamente desconocida grandeza. Pero el paso que distancia la segunda parte de la primera es la apuesta narrativa de Coppola; no contento con poner patas arriba las bases del negocio, sacó la artillería irónica a escena, el montaje de la película guía al espectador por el pasado y el presente, la película avanza en línea recta, pero sin Flashbacks, fundidos ni recursos de la vieja escuela.

Coppola mezcla el pasado con el presente de los Corleone, y lleva a cabo el prodigio del montaje, de la narración cinematográfica. Sin que el espectador se entere, sin que los saltos temporales aumenten o despisten la atención, el joven Vito Corleone (Robert de Niro) alcanza el poder y se transforma en lo que es al mismo tiempo que lo hace su hijo Michael (Al Pacino). Ambos contienen a sus personajes y gritan su poder con miradas inmóviles, cada uno a su manera, De Niro irónico y Pacino letal, Vito ambicioso y Michael vengativo.


LA VIEJA GUARDIA. EL PRINCIPIO DEL FIN.
Hablar de una película de la envergadura cinematográfica, social y cultural del Padrino (tanto en su primera como en su segunda parte) puede —y en cierto sentido debe— suponer un texto especialmente extenso, pero en esta ocasión intentaré ser relativamente breve, centrándome en la que a mis ojos es la esencia de la película.
Coppola transforma el laberinto generacional en una línea recta por la que el espectador avanza con la falsa sensación de que todo lo que ve ocurre de una forma sencilla y natural. Además, mezcla la vieja y nueva escuela a través de dos personajes maravillosos e imprescindibles. Peter Clemenza (Bruno Kirby en la juventud del personaje y Richard S. Castellano en su vejez) y Frankie Pentangeli (Michael V. Gazzo). Uno ya no está, y el otro defiende con la vehemencia del viejo soldado las antiguas formas, las únicas que conoce.


Pentangeli es el viejo Hollywood, Michael el nuevo, y Coppola quien los mezcla en el tablero. Pentangeli vive en los años 30, en la Italia americana, quiere sangre en las calles y Tarantellas en las fiestas. Michael quiere poder político y financiero y venganzas discretas.


Así ocurren las cosas, Pentangeli se rinde a Michael y acata el nuevo orden, pero sólo durante un tiempo. Ese es precisamente el invencible enemigo de Michael. El tiempo, un tiempo que avanza y en vez de ponerlo todo en su lugar, descoloca irónicamente las cosas que Michael pretende mantener como siempre con sus nuevas reglas. Las mujeres Corleone plantan cara a su tradición ancestral, cerril y criminal. Connie (Talia Shire) se libera de su represión sexual, y Kay (Diane Keaton) huye de la sangre siciliana que Michael —pese a sus nuevas formas— sigue derramando.




Mientras tanto, Pentangeli actúa como los viejos soldados romanos. Morirá con su tiempo para que su tiempo perdure, tal y como le ocurriría al cine americano que en aquel momento se estaba reformando con la generación del padrino a la cabeza. Pero esa, también es otra historia.

El segundo de los padrinos y su inseparable primera parte, al igual que El gatopardo, cambió todo para siempre para que todo siguiese igual.
https://www.primevideo.com/detail/El-Padrino-Parte-II/0TAAGS7WOSGN9D83MX6YI2JZMH?language=es_ES
Feliz viaje de vuelta hacia la noche. #SHADOWSRULES
David Salgado.
©24 sombras por segundo. Marzo 2021.
