LOS FELINOS. (RENÉ CLÉMENT, 1964).

LOS FELINOS. LA REGLA DEL JUEGO, SEGÚN RENÉ CLÉMENT.

Los felinos y La regla del juego —aquella obra maestra de Jean Renoir, y uno de los estandartes del cine francés— no resultan especialmente comparables más allá de facilitarme el encabezamiento para hablar sobre una película que basa su existencia en el juego como término absoluto.

Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).

El juego —siempre tramposo y tácito— es un elemento omnipresente en esta película, que funciona tanto en base a su identidad propia como gracias a la miscelánea de la que se alimenta, pues encontramos aquí elementos del Polar francés (o el cine negro clásico, ya que la película une Europa y Estados Unidos), del drama pasional perlado de celos y deseos distorsionados por la angustia y la frustración, del misterio a resolver entre pasadizos, secretos y espejos, del Thriller y la acción entre el hampa y sus forzosos fugitivos…

Hay en Los felinos gran parte de los factores comunes en el cine fascinante en general —y el del propio Clément en concreto— que llevan los arquetipos de los géneros en los que tiene cabida muy lejos del mero cliché, y sin embargo la película sufre un olvido de lo más injusto, teniendo en cuenta que juega con las reglas de una forma excepcional; de hecho, para quien se deje seducir por el ritmo inicial de la película no supondrá una sorpresa descubrir la presencia de Costa-Gavras como ayudante de dirección, que aquí auspicia las formas que derrochará en Z, ya completamente a los mandos.

Intervenciones de ayudantes de dirección aparte, esta es una magnífica película, no solo en la filmografía de Clément —lo cual es más que suficiente—, sino en el orbe del cine de los años sesenta, poblado por crónicas del descontento y la incomunicación revestidas de elegancia y seducción, sentimientos que cargan con la mayor parte de esta historia de ritmo frenético y aspecto seductor, pero cargada con una constante infelicidad.

EL EXTRAÑO CASO DEL GATO DE SCHRÖDINGER.

Los felinos comienza a toda velocidad, como si tras el breve preámbulo que establece una insólita conexión entre la película de Clément y aquella caza sucia y polvorienta que diez años después organizó Sam Peckinpah en Bring Me the Head of Alfredo Garcia (1974), la película necesitase terminar con su protagonista. Al menos esa es la impresión que el espectador que se enfrente a esta película por primera vez puede llevarse cuando ve a Marc Borel (Alain Delon) huyendo de un grupo de matones que lo acechan sin cesar.

Al ritmo del Jazz de Lalo Schifrin, Borel está punto de ser arrollado por un tren, cae por un acantilado a bordo de un automóvil y elude las balas de los revólveres de los sicarios buceando por la Costa azul, de la que emerge para continuar huyendo de un peligro constante que comenzó al otro lado de esa costa mediterránea en la que el sol parece iluminar solo la cara seductora de la existencia.

Nueva York es la escena en la que tiene lugar ese breve preámbulo: un gánster traicionado por su esposa pone precio a la cabeza de Borel, la caza da comienzo y se extiende hasta el suelo Mediterráneo, en el que los días languidecen entre aventuras y pasiones encerradas en el pasado.

Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
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Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
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Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).

Tras ser localizado, capturado y obligado a confesar, Borel —como buen felino— logra huir de sus perseguidores, pero ahora el seductor ha de jugar nuevas cartas para sobrevivir, algo que pasa inevitablemente por ocultarse entre su repentina posición social.

Así, sucio, agotado y acosado, Borel encuentra refugio entre los desamparados acogidos por el Padre Nielson (Arthur Howard), al frente de  una comunidad de olvidados que reciben la caridad de dos mujeres que habitan en otra esfera social: Melinda (Jane Fonda) y Barbara Hill (Lola Albright), dos habitantes de una de esas antiguas villas mediterráneas que consumen sus existencia entre deseos, recuerdos y una entrega a la soledad y la frustración, desgastes que apenas combaten con paseos por la ciudad y actos de caridad.

Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
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Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).

El juego cambia de rumbo, Borel se aleja de la mera supervivencia y parece olvidar a la muerte que no ha cejado —ni lo hará— en su empeño por vigilarlo y atraparlo, para adentrarse en un nuevo laberinto que oculta mucho más de lo que insinúa.

Barbara contrata a Borel como chófer —y en lo que bien puede interpretarse como una especie de paralelismo lejano con la relación entre buscavidas y diva decadente que Billy Wilder estableció en su magistral Sunset Boulevard (1950)—, surge un juego que mezcla la necesidad de experimentar viejas sensaciones de Barbara con la premura y el desafío juvenil de Melinda, la vanidad elegante y hedonista de quien todavía no ha perdido su poder y se resiste al paso del tiempo contra el apremio de quien no desea ceder tiempo a sus pulsiones.

Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
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Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).

Borel, Melinda y Barbara, los felinos, juegan sus cartas en una jaula de espejos —los reflejos son una parte esencial y constante en la narrativa de la película—, mientras un secreto oculto tras las paredes de la vieja mansión revela cada vez más aspectos del pasado. Hay una especie de gato de Schödinger tras los muros que vive y muere al mismo tiempo, una presencia que observa sin ser vista cómo el juego avanza dentro de su propia espiral.

El guion de Clément, Pascal Jardin y Charles Williams —basado en la novela de Day Keene, Joy House— se alía con la excelente y muy narrativa fotografía de Henri Decaë para convertir los soleados exteriores mediterráneos en lugares en los que los detalles acechan —miradas no siempre lícitas que se comunican por espejos retrovisores, ventanillas, objetivos de cámaras fotográficas—, lugares en los que un rutinario paseo en coche puede convertirse en un acto clandestino que deriva en una persecución.

Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
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Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).

Mientras, en otra parte, al otro lado de los muros y la brisa de la costa, el tiempo y el espacio se cierra sobre los personajes, felinos que recorren pasadizos oscuros que proyectan reflejos de lo que tal vez no sea la realidad. Melinda avanza en el juego de seducción, Barbara confía en su posición, y Borel mantiene una estudiada distancia mientras se adentra (no del todo inconscientemente) en el interior de un misterio que habita entre el interior de la mansión y el mundo exterior.

Poco a poco, Clément cede el control de la película a Jane Fonda, quien mantiene el equilibrio con las estupendas interpretaciones de Lola Albright y Alain Delon, pero es su personaje el que se enfrenta con más vehemencia y convicción a su destino, que invierte paulatina y sutilmente a su favor. Las intrigas propias del cine negro se van desarrollando, pero siempre a favor del extraordinario cine de Clément, que aleja convenientemente su película de los caminos comunes de la novela y el género para trazar su propio camino.

Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
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Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).

Así, cerrada a la oscuridad y el «gato encerrado» tras el juego de espejos, la trama de los felinos sigue sus propias reglas del juego. Melinda —vestida por Pierre Balmain como una suerte de trasunto de Elizabeth Taylor en La gata sobre el tejado de zinc (Richard Brooks, 1958)— se enfrenta a Barbara no solo por la conquista de Borel, sino por el territorio en el que habitan, mimetizadas con el entorno hasta el punto de formar parte de la composición como si fuesen una más de las esfinges que observan, que conocen el secreto tras el espejo.

El interior de la mansión se despliega sobre sí mismo como un cosmos particular en el que solo existe el hedonismo, la frustración y una ambición desmedida por sentir, por poseer el control de los deseos. No es una cuestión de poder material, se trata de un juego de sensaciones, de dominar fuerzas reprimidas durante demasiado tiempo.

Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
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Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
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Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).
Los felinos. (Cité Films, Compagnie Internationale de Productions Cinématographiques, 1964).

Tras la seducción, el duelo tácito, la huída por un crimen que solo ha herido el orgullo de un gánster, el refugio en el antiguo esplendor, los reflejos… todo se desvanece y el misterio se resuelve. Pero ya es demasiado tarde, el juego entre los felinos se comporta como una espiral, gira sin avanzar limitándose a cambiar a sus personajes de sitio. Ese «gato de Schrödinger» del que se sirve la película vive y muere simultáneamente, hasta que Melinda abre la caja, y como en el Gatopardo, todo cambia para que todo siga igual.

Esa es la regla del juego entre estos felinos, un juego el que ni siquiera el ganador está a salvo de aquello que depare la siguiente partida.

Los felinos es, sin duda, una película poderosa y excepcional.

Película disponible en FILMIN:

https://www.filmin.es/pelicula/los-felinos

Feliz viaje de vuelta hacia la noche. #SHADOWSRULES

David Salgado.

©24 sombras por segundo. Junio 2025.

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