GOOD LUCK, HAVE FUN, DON´T DIE. GORE VERBINSKI Y EL CINE COMO DECLARACIÓN DE INTENCIONES.
Good Luck, Have Fun, Don´t Die, afirma Gore Verbinski en la que hasta la fecha es su mejor película, y una de las mezclas definitivas de la temporada que aglutina comedia, ciencia-ficción, aventuras y fantasía, todo bajo la implacable óptica de la distopía.

Más allá de la olvidable —aunque indiscutiblemente rentable— saga Piratas del caribe, y el decepcionante final de la por lo demás estupenda La cura del bienestar (2016), Verbinski se ha mantenido como un director estable que a lo largo de casi cuarenta años ha combinado el mundo del cine con el del Videoclip; sin embargo su gran y extravagante película, esa película de la que se había hecho merecedor estaba por llegar.
Good Luck, Have Fun, Don´t Die es una película que tanto el espíritu como el imaginario de Verbinski merecen, y en esta ocasión ha aprovechado todos los recursos a su alcance sin desperdiciar ni un solo segundo. Esta locura irreverente que corre desbocada parece no ya una de esas películas dispuestas a cerrar la filmografía de un director; parece dispuesta a ser la última película sobre la faz de la tierra.
Encontramos a estas alturas del siglo XXI (una de las tierras prometidas de la ciencia-ficción clásica), un ejercicio que muestra y dialoga abiertamente sobre el presente fin del mundo, recurriendo a una cantidad considerable de referencias que a su vez elude en favor de una identidad tan propia como arrolladora.
Good Luck, Have Fun, Don´t Die no solo es un lema vital a defender bajo cualquier circunstancia, es una de esas películas fascinantes y necesarias que, posiblemente, se vean condenadas a la indiferencia del público masivo. Al fin y al cabo, el mundo siempre descuida a sus verdaderos héroes.
VERBINSKI MEETS TERRY GILLIAM.
LOS NUEVOS HÉROES DEL TIEMPO.
No era solo una cuestión de tiempo, pero las formas de Terry Gilliam —antes o después— habrían de renacer en el espacio actual, muy concretamente aquí, en Good Luck, Have Fun, Don´t Die.
En esta declaración de guerra contra el mundo creado para alimentarse de su creador, Verbinski invoca la figura de Gilliam en tres de sus formas más representativas: Time Bandits (Los héroes del tiempo, 1981), Brazil (1985) y El rey pescador (1991).
Verbinski abre su especie de «cuento barroco-urbano- distópico» mediante una narrativa elocuente y sutilmente premonitoria, pues antes de la aparición en escena de su antihéroe particular, un plano en apariencia irrelevante muestra un resumen de la historia encerrado en una máquina dispensadora de muñecos de peluche.
Después, mientras en una cafetería de lo más convencional una serie de personajes comparten el espacio en el que pierden su tiempo vital, y sus tristezas y esperanzas se entrecruzan en el silencio al que los condena la pantalla de sus móviles, irrumpe El hombre del futuro (Sam Rockwell), una suerte de profeta enloquecido y carismático con tanta habilidad para ahuyentar a la gente como para captar su atención.




El hombre del futuro actúa y habla apresuradamente debido a su irónica falta de tiempo —teniendo en cuenta que, según sus propias palabras ha visitado ese mismo lugar en más de cien ocasiones—, pues debe informar de su identidad, procedencia y motivo de su presencia, además de reunir un grupo seleccionado entre los clientes de la cafetería para llevar a cabo una misión que esa misma noche salve al mundo de su fatídico destino.
En solo una secuencia —y con prácticamente los más de 120 minutos de metraje por delante— Verbinski logra captar la atención plena del espectador y todos los clientes de la cafetería, que observan atónitos como un personaje con aspecto de vagabundo iluminado —que más parece una caricatura de aquel hijo de Sarah Connor encarnado en Terminator (James Cameron, 1984) para salvar al mundo de sí mismo que un héroe al que seguir—, es capaz de convencerlos de la verdad.
Una verdad que ha de resumirse en el título: Good Luck, Have Fun, Don´t Die.
El hombre del futuro —como buen profeta— carece de tiempo y habilidades sociales, sentencia deprisa con frases y acciones vehementes y certeras que definen con exactitud incontestable a la sociedad y sus métodos de alienación.
Mientras, en pocos planos, Verbinski presenta a los personajes llamados a ser los nuevos héroes del tiempo. Personas consumidas por la tragedia y las diferentes tristezas y frustraciones que la más avanzada tecnología ha puesto al servicio de la destrucción humanista.
El guion de esa primera secuencia es portentoso, y la dirección e interpretaciones se vuelcan completamente con la misión, a la que, tras el estupor inicial, el discurso y amenazas del Hombre del futuro y su rechazo a las candidaturas de aquellos a quienes ya conoce de sus viajes en el tiempo anteriores, se unen una serie de personajes sumidos en la infelicidad por razones que Verbinski irá desvelando a modo de episodios retrospectivos a lo largo de la película.
Como en toda irrupción enloquecida en la sociedad que se precie, la policía aparece en escena y cerca al nuevo grupo formado en el interior. Es entonces —y no antes— cuando el título de la película aparece a modo de lema casi musical que recuerda al espectador cuál es la premisa: Good Luck, Have Fun, Don´t Die.
Un grupo salvaje ha sido reunido de entre los desdichados, El rey pescador ha hablado, y los nuevos Héroes del tiempo emprenden el camino hacia el Brazil del siglo XXI.
Susan (Juno Temple), Mark (Michael Peña), Janet (Zazie Beetz), Marie (Georgia Goodman), Scott (Asim Chaudhry), Bob (Daniel Barnett), y la que ha de reinar sobre los desamparados, Ingrid (Haley Lu Richardson) deben huir para, en una sola noche, recorrer la ciudad, enfrentarse a peligros y enemigos inimaginables por delirantes y vencer al monstruo virtual para salvar a la humanidad.




Es imposible exponer más géneros y generar más interés en menos tiempo. Y la película no ha hecho más que comenzar.
La secuencia se expande mezclando elementos propios del Thriller, la acción, el humor, la ciencia-ficción y —en cierto sentido— el Survival. El grupo abandona el local, y la ciudad muestra una cara que parece desconocida, trazada por calles que solo pueden ser encontradas en el extraño mapa que porta El hombre del futuro, y habitadas por seres que han dejado atrás su humanidad y su cordura.
Todo resulta extraño e inquietante, de pronto todo parece haber surgido como un nuevo anochecer tras una larga ausencia.
La película de Verbinski sigue una estructura profundamente marcada por cierto cine de los años ochenta; sus rasgos —además de los que obtiene de Terry Gilliam— entroncan con la crudeza caótica y urbana de After Hours (Martin Scorsese, 1985) y los ambientes enrarecidos de John Carpenter en Escape from New York (1981) o Walter Hill en The Warriors (1979) e incluso en Calles de fuego (1984).
Todo avanza contra la razón y el tiempo —ambas cosas agotadas para la humanidad—, y Verbinski fragmenta y dosifica las dosis de acción mediante episodios que exponen los motivos que han llevado a los miembros del grupo a la situación actual.
Susan sirve a Verbinski para jugar elementos comunes con Tenemos que hablar de Kevin (Lynne Ramsay, 2011) en cuanto a la psicopatía adolescente y su facilidad para emplear las armas, y con el clásico de la ciencia-ficción que supone el regreso de la muerte de una conciencia diferente que habita el mismo cuerpo.
Janet y Mark asumen otro patrón clásico: la relación de pareja que fracasa en base a la incomunicación y los problemas laborales de uno de los miembros. Pero Verbinski no se conforma, el episodio de la pareja se desvía hacia la alienación masiva de los adolescentes, convertidos en una nueva versión de Village of the Damned (Wolf Rilla, 1960), una vez que Mark —en otro de los elocuentes planos que componen la película— invade la intimidad de una alumna tocando la pantalla de su teléfono y activando la mente que anula al individuo para crear un colectivo que atacará como una horda de muertos vivientes.
En ese sentido, Good Luck, Have Fun, Don´t Die también se asemeja a la reciente Weapons (Zach Cregger, 2025).
Ingrid, aquella que padece una insólita alergia letal a la tecnología digital, será la que irónicamente cargue con el peso de la misión —y del mundo— sobre sus hombros. Enamorada de la que parecía la única persona dispuesta a compartir su existencia analógica, y traicionada por la voluntad de la inteligencia artificial alimentada de la debilidad humana, anuncia sutilmente el poder que se avecina en esa camiseta de Bad Religion —grupo de elocuente nombre para el que Verbinski dirigió varios Videoclips— que luce en su primer punto de inflexión vital que ha de conducirla ante esta misión.









Una vez iniciada la marcha y presentadas las vidas pasadas de los personajes, Verbinski acelera el ritmo, y el humor ácido se vuelca totalmente en la acción y las aventuras que trazan la senda por la que estos nuevos héroes del tiempo huyen de los peligros al mismo tiempo que avanzan hacia la amenaza definitiva.
A lo largo de este prolongado tramo, la película muestra el que posiblemente sea el punto álgido de las referencias cinematográficas de las que se nutre. Durante una las discusiones entre los personajes, se habla de una bestia imposible, un gato con cuerpo de centauro que expulse confeti. En Ghostbusters (Ivan Reitman, 1984), el destructor adopta la forma de un muñeco publicitario debido a un pensamiento involuntario.
Así, Stay Puft, un muñeco gigante destruye la ciudad solo por el hecho de existir. Cuatro décadas después, Verbinski invoca en Good Luck, Have Fun, Don´t Die a una aberración creada en base a la incredulidad que servirá como prueba de la existencia del poder tecnológico definitivo.








Superadas las pruebas humanas y sobrenaturales, los miembros supervivientes alcanzan el refugio del ente tecnológico, una sala directamente extraída del escenario final de Brazil, en la que la IA se crea a sí misma mediante el cuerpo de un niño de aspecto enfermizo, que cuenta a su servicio con viejos juguetes recompuestos a modo de pequeños Frankenstein semi-mecánicos, y una serie de cables con vida propia que parecen heredar su poder de aquel super ordenador utilizado en Superman 3 (Richard Lester, 1983).
Allí, ante las puertas del fin del mundo humano en aras del imperio de la ilusión digital, Susan guiará al grupo mediante la voz de su hijo muerto encerrada en un dispositivo convenientemente obsoleto, lo hará para que Ingrid —esa nueva Sarah Connor— desafíe a su propia enfermedad y permita la victoria del Hombre del futuro.









Como en toda aventura de ciencia-ficción que se precie, el fin alcanzado por todos los medios no implica necesariamente el final de la misión. La historia debe continuar y otra aventura aguarda a los nuevos héroes del tiempo.
Pero esa, tal vez, es otra historia. Esta puede terminar aquí, al grito de su propio lema: Good Luck, Have Fun, Don´t Die. Un gran nombre para una película superlativa.
TRÁILER de la película:
https://www.youtube.com/watch?v=Nm4WbapDzDQ
Feliz viaje de vuelta hacia la noche. #SHADOWSRULES
David Salgado Marcote.
©24 sombras por segundo. Abril 2026.
