SECONDS. (JOHN FRANKENHEIMER, 1966.)

JOHN FRANKENHEIMER. DESMONTANDO AMÉRICA. VOL. II.

Seconds es la película que trae aquí por segunda vez a John Frankenheimer.

La primera vez que dije que su narrativa visual, su forma de utilizar la cámara, de situar a los personajes ante el espectador, su habilidad para meterse en jardines mostrando al mundo la cara oculta del sueño americano, son, además de inalcanzables, su rasgo más característico.

Seconds. (Paramount Pictures. 1966.)
Seconds. (Paramount Pictures. 1966.)

En esta ocasión diré lo mismo, y más aún.

La nitroglicerina que voló por los aires el cine americano entendido como un sistema empresarial estalló en los setenta. Sin embargo empezó a agitarse mucho antes, ya en los lejanos días de la época dorada de Hollywood, King Vidor y Hitchcock empezaron a enseñar los dientes, a vender cara la piel del director como verdadero dueño de la película.

Más tarde, la sustancia explosiva siguió agitándose a lo largo de la enésima invasión de las maneras cinematográficas europeas en la tierra de las oportunidades, y es que, al igual que en la era del cine alemán judío, Europa iluminó el camino yankee durante los años sesenta.

Los cimientos de los antiguos templos empezaban a debilitarse y la falacia del sueño americano era cada vez más difícil de vender.

Rock Hudson. (Seconds. Paramount Pictures. 1966.)
Rock Hudson. (Seconds. Paramount Pictures. 1966.)

Y así, con Europa y sus ancestrales mitos bajo el brazo, Frankenheimer irrumpió en escena para volarle la cabeza a la estafa norteamericana y -ya de paso- a la humanidad.

SECONDS. EL DIABLO Y EL SUEÑO AMERICANO.

Seconds introduce en el bote de nitroglicerina a Fausto, Kafka y una puesta en escena que habría hecho desmayarse de envidia al europeo e iconoclasta espíritu de Orson Welles.

Una vez todo está dentro, agita el bote hasta que justo antes de volar todo por los aires, se detiene en seco y sitúa al espectador ante la calma que encierra todas las tormentas.

Seconds. (Paramount Pictures. 1966.)
Seconds. (Paramount Pictures. 1966.)

Seconds es una película que aborda temas muy polémicos y complejos, heredera de las letras de Kafka y precursora del discurso de Sidney Lumet en Network, pero lo que en mi opinión hace de esta película una cima es lo que Frankenheimer plantea en la maravillosa secuencia de la que dejo un enlace a pie de texto: el final definitivo de la vida del protagonista.

Rock Hudson. (Seconds. Paramount Pictures. 1966.)
Rock Hudson. (Seconds. Paramount Pictures. 1966.)

Para llevar la película por donde quiere, Frankenheimer muestra una habilidad narrativa implacable: le dice a Rod Hudson que su personaje ha regresado a un punto de partida que en realidad no tiene fin, pues el protagonista sólo podrá alcanzar la felicidad mediante la alternativa que le ofrece la diabólica corporación a quien ha vendido su existencia.

Seconds. (Paramount Pictures. 1966.)
Seconds. (Paramount Pictures. 1966.)

Sin embargo, antes de que Fausto entregue su alma a Mefistófeles, debe acudir por última vez a Margarita, y así, el verdadero protagonista oculto tras la identidad de Rod Hudson escucha las palabras de Frances Reid como jamás lo había hecho en la piel de John Randolph.

Escucha la verdad, una verdad fría, dura e implacable que le revela que toda su vida.

El gran sueño americano, la familia idílica con casa, mascota y valla blanca, es y ha sido siempre mentira. Frankenheimer plantea todo esto con una contención que sume al espectador en una inquietante calma.

Mete al matrimonio interpretado por tres actores en un plano que podría ser la madre de los encuadres y la narrativa visual, y cuando el personaje de Hudson y Randolph comprende cuál es la salida, al espectador le explota la cabeza y no le queda más que el desmayo previo al coma.

Frances Reid y Rock Hudson. (Seconds. Paramount Pictures. 1966.)
Frances Reid y Rock Hudson. (Seconds. Paramount Pictures. 1966.)

Al fin y al cabo, la ficción es la cara más amarga de la realidad.

En cuanto a la secuencia de la que hablo, la línea es exactamente la misma. Frankenheimer sitúa la acción al este del Edén, allí donde la tierra prometida y el sueño americano no existen. Adán muerde la manzana que el diablo al frente de la corporación le tiende.

John Randolph y Will Geer. (Seconds. Paramount Pictures. 1966.)
John Randolph y Will Geer. (Seconds. Paramount Pictures. 1966.)

Randolph y Will Geer se sumergen en la kafkiana puesta en escena de Frankenheimer y llevan a la cima el significado de la interpretación, del trabajo entre un director, un guión y unos actores por y para servicio del espectador.

John Randolph y Will Geer. (Seconds. Paramount Pictures. 1966.)
John Randolph y Will Geer. (Seconds. Paramount Pictures. 1966.)

Con la habilidad sutil que caracteriza a los grandes maestros, de una secuencia aparentemente sencilla en medio de una película muy compleja, Frankenheimer lleva al espectador al borde del abismo.

Rock Hudson. (Seconds. Paramount Pictures. 1966.)
Rock Hudson. (Seconds. Paramount Pictures. 1966.)

Y al fin, cuando Fausto cede su existencia al diablo, cuando Randolph, ese hombre muerto sin valor para vivir, cede ante la versión moderna del Doctor Caligari y firma su sentencia de nueva vida, el espectador se desmaya justo antes de entrar en coma.

Enlace a la secuencia: https://vimeo.com/82938978

Película disponible: https://www.filmin.es/pelicula/plan-diabolico

Feliz viaje de vuelta hacia la noche. #SHADOWSRULES

David Salgado. 

©24 sombras por segundo. Marzo 2021.

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