AL DESPERTAR EL DÍA. (MARCEL CARNÉ, 1939.)

MARCEL CARNÉ. EL GIGANTE SEPULTADO.

Al despertar el día, es mi verso favorito del realismo poético que Marcel Carné filmó justo antes de que, una vez más, Europa se fuese al carajo.

Ese verso -como todos los benefactores que el mundo ha tenido a través de su largo y tortuoso camino- está maldito. Relativa e injustamente olvidado, pues como su autor, no suele encabezar las listas del período cinematográfico francés de entreguerras.

Un cine que cuenta con obras fundamentales firmadas por gigantes. Desde el universal Jean Renoir al también condenado al olvido Julien Duvivier, de René Clair a Jean Vigo, Jacques Feyder y la incursión en el terreno del todopoderoso Fritz Lang, el realismo poético fue un movimiento cultural indispensable tanto para el cine posterior como para el pensamiento y las artes en general que habrían de iluminar el tétrico y errante camino de Europa tras su caída definitiva en el abismo.

A pesar del olvido en que Carné cayó, una de mis convicciones fundamentales me dice continuamente que la insurrección ha de ser poética, o no ser. Y así, siendo, trataré de contar como fue su crónica de la última noche de paz para Europa, ya que una de las criaturas más hermosas de su autor nació en 1939. El resto, va de su cuenta. Vean una de esas películas que nadie debería dejar de ver jamás.

AL DESPERTAR EL DÍA. VERSOS, METÁFORAS Y EL FIN DE LA NOCHE QUE NOS GUARDA.

Al despertar el día irrumpe en la mente y el corazón del espectador con una extraña belleza que no parece dispuesta a conceder tregua. Una calle de la vieja Europa se abre ante nosotros como una pintoresca postal mostrando su imagen más apacible, con un marcado tono melancólico propio de la tradicional fotografía en blanco y negro de los grandes estudios. Lo que vemos resulta hermoso y un tanto triste, pero Carné no tarda en llamar nuestra atención con su dominio y uso casi exclusivo del arte de la metáfora.

Al despertar el día. (Productions Sigma. 1939.)
Al despertar el día. (Productions Sigma. 1939.)

Hay en esa calle una torre, un edificio que resalta por su altura entre las tradicionales construcciones. Un desafío a las formas que habían dado su aspecto a los cimientos europeos. En esa torre se refugiará el también metafórico personaje interpretado por Jean Gabin tras cometer el crimen con el que Carné nos mete de lleno en la historia de una noche que -igual que aquellos días de la vieja Europa- acabaría para dar paso a una luz letal.

Hay en ese personaje -el que Carné puso en la piel de Gabin- una extraña ilusión por la vida, una conformidad con su suerte y el lugar en el mundo que el azar le reservó, que Carné disfraza hábilmente de resignada felicidad. Pero Gabin es el lobo que engañará al pastor, cuando llegue la noche y asome su silenciosa sonrisa, atacará para vender cara la piel aun sabiendo que la única victoria posible es la derrota.

Jacqueline Laurent. (Al despertar el día. Productions Sigma. 1939.)
Jacqueline Laurent. (Al despertar el día. Productions Sigma. 1939.)

Siguiendo esa metafórica línea, Carné despliega el resto de las piezas sobre el tablero, mostrándonos el resto de personajes que bien podrían haber formado parte de cualquiera de las películas de Max Ophüls. Así, la enigmática actriz y musa de aquellos días, Arletty, compite por el afecto con Jacqueline Laurent, quien le dijo a Jean Gabin que mostraba un ojo alegre y otro triste. Dos caras de la única moneda con la que podremos pagar al barquero cuando venga a buscarnos.

Jacqueline Laurent y Jean Gabin. (Al despertar el día. Productions Sigma. 1939.)
Jacqueline Laurent y Jean Gabin. (Al despertar el día. Productions Sigma. 1939.)

Sobre esta realidad poética, Carné edificó la torre en la que Jean Gabin, Jacqueline Laurent, Arletty y Jules Berry llevarían al espectador a la cima desde la que compartir el encierro, la huida de sí mismo hacia ninguna parte del personaje de Gabin.

Arletty y Jean Gabin. (Al despertar el día. Productions Sigma. 1939.)
Arletty y Jean Gabin. (Al despertar el día. Productions Sigma. 1939.)
Jacqueline Laurent. (Al despertar el día. Productions Sigma. 1939.)
Jacqueline Laurent. (Al despertar el día. Productions Sigma. 1939.)

Allí, desde su turris erbunea particular, Carné condena a Gabin a pagar tributo por amar profundamente las dos caras de su moneda. La dulce tristeza de Laurent y el alegre dolor de Arletty atraen a partes iguales a la unidad, y así, confusa y resentida por verse obligada a tomar una decisión, la unidad divide para vencer. Libera a Arletty y Laurent de la prisión en la que Jules Berry las había encerrado, y una vez libres, Carné condena a Gabin a encerrarse en su celda, desde la que a través de sus recuerdos el espectador recorre el camino hacia el lugar en el que despertará el día.

Arletty, Jules Berry y Jean Gabin. (Al despertar el día. Productions Sigma. 1939.)
Arletty, Jules Berry y Jean Gabin. (Al despertar el día. Productions Sigma. 1939.)

Un lugar en la cima desde el que el público acude a presenciar el posible espectáculo, un público al que Gabin -el condenado a muerte que no podrá escapar- repudia, y se despide de las dos caras del único amor de su vida.

Arletty y Laurent son ya recuerdos que se desvanecen con el paso de las horas, la noche pierde su fuerza, y en su celda, Gabin utiliza lo único que Carné le ha permitido conservar. Un espejo que romper, un reloj que escuchar, una ventana a la que asomarse para contemplar un tiempo que jamás regresará y la libertad para dormir cuando despierte el día.

Jules Berry y Jean Gabin. (Al despertar el día. Productions Sigma. 1939.)
Jules Berry y Jean Gabin. (Al despertar el día. Productions Sigma. 1939.)

En esa ventana y ese espejo, Carné refleja de nuevo su poético uso de la metáfora. Los disparos procedentes de ese mundo exterior que es lo único que tiene y lo único que quiere dejar atrás, penetran a través de la ventana para terminar su camino en el espejo, dibujando en su trayecto una forma que enmarca en ambos cristales el rostro de Gabin, quien -tanto cuando se asoma a contemplar a los espectadores de su última noche- como cuando se escudriña a sí mismo en el presente y el pasado que le negarán el futuro, contempla su figura acribillada, como una especie de Dorian Gray ante la fatalidad vaticinada por su retrato.

Al despertar el día. (Productions Sigma. 1939.)
Al despertar el día. (Productions Sigma. 1939.)
Jean Gabin. (Al despertar el día. Productions Sigma. 1939.)
Jean Gabin. (Al despertar el día. Productions Sigma. 1939.)

La película, los destinos de los personajes y los recuerdos pasados del personaje de Gabin, avanzan -como la vieja y agotada Europa- hacia su inexorable final.

Arletty y Jean Gabin. (Al despertar el día. Productions Sigma. 1939.)
Arletty y Jean Gabin. (Al despertar el día. Productions Sigma. 1939.)

Así, la noche despertó al día, y al despertar el día, Carné le dijo a Gabin que había llegado la hora de pagar, de utilizar la moneda. Arletty y Laurent eran libres, Jules Berry historia, y cuando el espejo roto ya no podía devolver la imagen, la metafórica niebla que envuelve los nuevos días entró por la ventana disipando la noche. Al despertar el día el reloj programado por Carné sonó, el preso murió y el espectador, antes de entrar en coma y tras contemplar una de las secuencias más bonitas, silenciosas y elocuentes que se filmarán jamás, se desmayó.

Arletty y Jean Gabin. (Al despertar el día. Productions Sigma. 1939.)
Arletty y Jean Gabin. (Al despertar el día. Productions Sigma. 1939.)

Marcel Carné es un gigante del cine que el mundo jamás debería haber dormido en el sueño del olvido. Al despertar el día es la última noche desesperada de una Europa imposible que no volverá.

Feliz viaje de vuelta hacia la noche. #SHADOWSRULES

https://www.filmin.es/pelicula/al-despertar-el-dia

David Salgado.
©24 sombras por segundo. Agosto 2021.

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