EXCALIBUR. (JOHN BOORMAN, 1981.)

DE BRUJAS, ESPADAS Y MAGOS.

Cuando la revolución del cine murió con la década que la engendró, parecía que todos los géneros habían tenido su oportunidad, pero faltaba uno. John Boorman sacó la espada de la piedra y tras el ocaso de la década prodigiosa voló la fantasía por los aires con Excalibur.

Excalibur. (Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)
Excalibur. (Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)

La generación que cambió Hollywood se centró -incluso en sus incursiones en el campo del terror- en todo aquello que ocurre en el mundo que habitamos. Pero Boorman -tras las magníficas Point blank y Deliverance, la arriesgada y delirante Zardoz y su estrepitoso fracaso con la secuela de El exorcista– abandonó el mundo que conocemos para alcanzar la cima del fantástico cine de aventuras.

Excalibur es una ilusión, un hechizo inquietante, un sueño intangible que flota de forma hipnótica y enigmática en un aire extraño, enrarecido por la mágica sensación de los colores que impregnan un mundo situado entre el sueño y la realidad. Boorman nos presenta Camelot y sus criaturas moviéndose en un terreno que no pertenece a ningún lugar conocido. Es el relevo generacional y colorista de lo que el irrepetible C.T. Dreyer hizo en Vampyr.

Helen Mirren. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)
Helen Mirren. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)

Excalibur tiene absolutamente todos los elementos del cine clásico americano de caballeros andantes con los que aquellas películas entretenidas, inocentes y coloristas alimentaron la infancia de varias generaciones.

Los héroes limpios, nobles y sus grandes azañas que Michael Curtiz, George Sidney, Richard Thorpe, Henry King y compañía llevaron a cabo como relevo generacional de los días de Douglas Fairbanks y sus correrías, vieron en Excalibur el ataque definitivo a sus formas, su fondo y todo aquello que el Hollywood tradicional había construido para sus aventuras.

Aquellas películas eran en su mayor parte magníficas, pero Boorman sacó a Excalibur de la piedra para reinar sobre el género. Y para reinar fue necesario destruir las viejas formas.

Nigel Terry. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)
Nigel Terry. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)

Excalibur es una ópera cinematográfica. Es mágica, poderosa, enigmática y ante todo, es una mujer. El arma definitiva con la que Boorman venció para siempre al mundo antiguo.

EXCALIBUR. WAGNER, MORGANA Y LA CAÍDA DE LOS DIOSES.

Hay en Excalibur un montón de claves que la convierten en una película literalmente irrepetible, además de las ya mencionadas referentes a su aspecto y narrativa visual -la utilización del color verde como símbolo de lo terrenal y el rojo como vehículo del mundo mágico es única en su especie- encontramos en este viaje al interior del dragón tres elementos definitivos.

Nicol Williamson. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)
Nicol Williamson. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)

El género femenino ostentando el poder, la música como un poderoso personaje y la suciedad física y emocional que impregna el mundo de los hombres.

A lo largo del primer tramo de la película, Boorman divide claramente la narrativa en dos tonos. El verde nos acompaña en la juventud de Arturo, en su discreto e inesperado logro y en su relación con Excalibur.

Pero antes, el rojo irrumpe al inicio de la película. Durante la era oscura, antes de la llegada del rey, la guerra, la destrucción y las antiguas costumbres tiñen el mundo de los hombres.

Excalibur. (Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)
Excalibur. (Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)

En su tramo medio -traiciones mundanas incluidas en las que la vida se abre camino- los verdes destellos de Excalibur, la pureza del agua de la que surge la Dama del lago como madre de la espada, el bosque donde reposa ignorando los deseos de los hombres y la tramposa sensación de paz, son el tono predominante.

Nicholas Clay y Cherie Lunghi. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)
Nicholas Clay y Cherie Lunghi. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)
Nigel Terry. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)
Nigel Terry. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)

Sin embargo, hay algo que Boorman mantiene intacto a lo largo de toda la película y que ninguna de las aventuras clásicas nos había mostrado jamás: los hombres son -debido a sus armaduras- sucios, lentos y torpes. No hay en Excalibur ni un solo personaje que responda al arquetipo masculino que se muestre limpio, atractivo y ágil.

El mundo de los hombres es sucio y tosco. Así viven, así se relacionan y así mueren. Gritando y retorciéndose entre mierda, tierra y sangre. El poder, el sexo y el fracaso de los arquetipos masculinos en Excalibur se muestra como algo profundamente desagradable.

Corin Redgrave. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)
Corin Redgrave. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)

Jugando a la contra, Boorman sitúa con una habilidad narrativa pasmosa los personajes masculinos que no comparten la condición de hombres: Merlín y Lanzarote son elegantes, discretos y sutiles. Sus caminos, apariencia y objetivos discurren totalmente aparte de los hombres.

El mago es sabio y prudente, busca el conocimiento como refugio para el día en que los hombres pierdan lo que no les pertenece. Por su parte, el caballero blanco es un hombre, sí, pero sus camino discurre por la senda del pensamiento.

Nicol Williamson. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)
Nicol Williamson. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)

Hay un tercer hombre al margen del mundo masculino, pero antes hablaremos de la segunda clave. La condición femenina de Excalibur.

El destino de todo lo que Excalibur encierra en su onírica apariencia es ansiado por los hombres y sus armas. Pero pertenece a las brujas, los magos y la espada.

Arturo y Lanzarote son representados por Boorman como la esencia de la virtud, pero todas sus ilusiones, su fortaleza y su voluntad se diluyen en brazos de los elementos femeninos de la película.

Cherie Lunghi. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)
Cherie Lunghi. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)
Helen Mirren. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)
Helen Mirren. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)

La roca alberga la espada en su interior, la Dama del lago la oculta y la revela, Excalibur es la fuente de la sabiduría y la fortaleza, Morgana es el poder oscuro de las profundidades de la tierra, Ginebra es la luz del día que ilumina el camino a la victoria y Merlín, el eterno caminante entre todos los mundos que existen, no es un hombre. Esa es otra de las claves de la película.

En su tramo final, Excalibur revela su tercera clave.

Helen Mirren y Robert Addie. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)
Helen Mirren y Robert Addie. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)

Esta especie de grupo salvaje artúrico que nos regaló a todos John Boorman, está lleno de momentos impagables, pero es aquí, en el ocaso de los dioses, bajo un sol rojo y agonizante cuando Ginebra, Merlín, Lanzarote, Mordred, Morgana y el propio Arturo -hasta los huevos de todo y sobre todo de sí mismo- se van al carajo.

Nigel Terry y Robert Addie. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)
Nigel Terry y Robert Addie. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)

Y lo hacen como los dioses mandan, con la puesta de sol más bonita que puedan imaginarse y Wagner haciendo de la música otro más de los personajes femeninos que gobiernan la película.

Nigel Terry y Robert Addie. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)
Nigel Terry y Robert Addie. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)

Boorman da el golpe de gracia a las antiguas formas. Sin tipos guapos, frases molonas que marcan paquete ni fuegos artificiales para engrosar taquillas.

Mordred -ese tercer hombre con rasgos y armadura marcadamente femeninas-  surge de las tinieblas con los restos de Morgana hechos carne. Desafía al rey a un duelo al sol por última vez, y como no puede ser de otra forma, Arturo responde.

La agonía y el éxtasis son demasiado atractivos como para rechazarlos antes de largarse definitivamente.

Ese “ven padre, dame un abrazo de paz” con el que Mordred decide acabar con todo es una cima en cuanto a guión se refiere. El ocaso de los dioses es así, a tope de mierda, sangre y dolor.

Nigel Terry y Robert Addie. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)
Nigel Terry y Robert Addie. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)

Wagner suena, el sol se desangra, Excalibur regresa a manos de la Dama del lago y al espectador le explota la cabeza.

Y así, el salvajismo de Boorman se rebeló por primera y última vez contra las andanzas del cine de aventuras.

Helen Mirren y Nicol Williamson. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)
Helen Mirren y Nicol Williamson. (Excalibur. Orion Pictures, Warner Bros. 1981.)

Excalibur es una mujer. Es cosa de brujas, espadas y magos.

https://rakuten.tv/es/movies/excalibur

Feliz viaje de vuelta hacia la noche. #SHADOWSRULES

David Salgado.

©24 sombras por segundo. Abril 2021.

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